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Carolina Ardohain(Pampita) PDF Imprimir E-mail

Carolina Ardohain

Pampita

 

El apodo por el cual se ha hecho tan conocida deriva tanto del hecho de ser nativa de Santa Rosa, capital de la provincia argentina de La Pampa, como de un personaje de historieta creado por Horacio Altuna en 1970, que se llamaba Pampita y que representaba a una joven bellísima.

De niña, Carolina Ardohain junto con ir al colegio en esa capital provincial, estudió ballet por más de nueve años. Dada su belleza, fue elegida Reina Nacional del Estudiante y Reina Provincial del Trigo, en Jujuy. A los 17 años se fue a Buenos Aires. Empezó trabajando como vendedora de tiendas de ropa, y poco a poco empezó a ascender, hasta que fue “descubierta” por un cazatalentos.

Así empezó su carrera como modelo y hasta hoy ha desarrollado una destacada trayectoria. Ha sido contratada para importantes marcas de todo el mundo, hace pasarelas, comerciales, campañas gráficas e incluso ha sido “rostro” de marcas tan importantes como Victoria’s Secret.


Exigente y minuciosa

Carolina Ardohain es una mujer reservada, detallista, minuciosa y muy observadora. Le gusta lo que hace y sus niveles de exigencia profesional son enormes. Sabe de estilo, de vestir, de combinaciones, de lo que se lleva y lo que no. Le gusta leer revistas de moda, mirar programas de televisión, ir al cine e impregnarse de los gustos de las distintas culturas del mundo.

Pero de lo que más sabe es de cómo sacarse partido, y eso que es una mujer sumamente clásica, que no usa joyas ni mucho maquillaje. Pero tiene el talento o la virtud de verse siempre bien.

Una de sus confesiones, en este recorrido profesional, es que además sabe coser, diseñar, hacer moldes. Armar y desarmar una prenda hasta que quede tal como a ella le gusta.

–Tu abuela y tu mamá cosían muy bien…
–En mi infancia crecí en dos casas: en la de mi madre y en la de mi abuela y, a pesar de ser muy distintas, tengo el recuerdo de ver a estas mujeres siempre haciendo algo con las máquinas Singer a pedal.
Se emociona con el recuerdo: “Mi abuela hacía cortinados gigantes y cambiaba todo el tiempo la decoración de la casa… Y en sus viajes traía telas de Europa y se hacía unos vestidos preciosos. Eso era muy top en esa época. Aún conservo algunos vestidos que espero algún día usar. Y mi madre podía hacerme lo que se me ocurriera... En la adolescencia esos conocimientos fueron aprovechados, ya que me presenté en concursos de belleza, lo que era toda una experiencia mágica, ya que mi mamá me hizo el vestido. La acompañé a comprar la tela, miramos muchas revistas españolas ‘Hola’ de alta costura para elegir los modelos que iban a servir de inspiración… Los probamos miles de veces, sólo hilvanados, hasta que resultó exactamente lo que quería y estaban hechos a mi medida. Gané el concurso de Reina Nacional a los 16 años y estoy segura de que esos vestidos fueron muy importantes para destacarme del resto”.
–¿Sabes coser?
–A los 12 años ya podía arreglarme la ropa, hacer moldes o diseñarme algo. Puedo desarmar una prenda completa en segundos y coserla sin problemas. Además, vendí ropa en una tienda hasta convertirme en una de las mejores empleadas en una empresa de 300 vendedoras. Tomé cursos de capacitación de todos los tipos: de telas y sus propiedades, lavados de los jeans, además de toda la relación que hay entre la ropa y los sentidos, la vista, el tacto y el olor.
–¿Algún consejo para la ropa?
–Jamás lavo nada sin mirar la etiqueta interior y saber cuánto algodón tiene. La ropa negra apenas la enjuago con jabón especial, para que no pierda el color y, a la hora de comprar algo, no puedo dejar de prestar atención en la sensación que me dan las texturas. Eso es casi más importante para mí que el diseño.
–¿Siempre fuiste aficionada a la moda? ¿Quién es tu referente?
–No sé cómo, pero la moda me acompañó en todo. Si hago un paneo general, la moda ha estado hasta en los momentos menos pensados. Por ejemplo, soy fanática del cine desde que tengo uso de razón. Me devoraba las películas en blanco y negro, y podía ver la misma miles de veces… Me encantan los vestidos y peinados de los años 50. Es la época en que veo a la mujer más glamorosa.
–¿Siempre cuidaste tu cuerpo?
–Estudié ballet desde los 5 hasta los 15 años y esa rutina era tan fuerte como estar en clases de gimnasia. En ballet el vestuario era parte de la escenografía y nada mejor que lograr sentirte en el personaje a la hora de salir al escenario. Por años pasé con un moño tirante y con un pollerín rosa.
–¿Siempre fuiste clásica para vestirte?
–Siempre me vestí particularmente clásica, más bien formal y con un toque femenino que me parece fundamental.
–¿Qué heredaste del modelaje?
–El modelaje me permitió usar ropa de los mejores diseñadores argentinos, lo que me ayudó a definir mi gusto y valorar el trabajo que hay detrás de cada prenda.



“poco pero bueno”

Pampita ha tenido trabajos privilegiados: “En New York trabajé en campañas de ropa interior, como Victoria’s Secret, y en cada toma fotográfica lo que usaba, se había hecho específicamente para mí. Me medían entera para que todo quedara perfecto”.
–¿Qué hiciste con tu primer gran sueldo?
–Mi primera gran inversión no fue algo para mí… Al año de empezar a trabajar como modelo, le pude regalar a mi mamá una máquina de coser eléctrica, muy moderna, con no sé cuántos hilos y costuras para hacer. Fue un momento muy especial para las dos, porque tenía muchos significados.

Pampita

–¿Cómo es tu clóset?
–Supongo que por vender ropa tantos años, no puedo evitar doblar todo prolijamente y ordenar por modelo y color. En mi clóset todo está clasificado; lo bueno es que me lleva unos pocos minutos hacerlo, y lo malo es que me tengo que contener para no meterme en el clóset del resto de la familia. Quiero que mis hijos desarrollen su estilo sin mi influencia tan perfeccionista, que muchas veces frustra.
–¿Cómo haces una maleta?
–La maleta siempre debe ser de tamaño pequeño, para que entre en el compartimiento del avión. Siempre llevo un jeans, una pollera de jeans, un blazer de muy buen corte, un sweater de cashmere, un vestido de día y uno de noche, sandalias o botas según la temperatura, y un calzado bajo y cómodo que sirva para caminar horas, varias remeras y aros de colores que son el único accesorio que uso, un cinturón que combine con todo y un buen par de lentes. Un traje de baño negro y un pijama de algodón. Nunca me falta nada.
–¿Cuáles son tus tenidas favoritas?
–Los vestidos son lo que más me gusta llevar, los floreados son eternos… Se adaptan de día y de noche, y los vestidos cortos se vienen con todo para el próximo verano. Los zapatos con taco finito y cerrados me encantan, pero también me dejo seducir por la moda de las sandalias altísimas con plataforma. Casi siempre me pinto los labios y me pongo alguna joya.
–¿Qué hay que tener en el clóset y qué hay que regalar?
–Se debe tener poco pero bueno, y regalar lo que ya no te gusta o te aburre, así puedes tener mejor visibilidad para elegir. Hay que quedarse con lo que realmente le favorece al cuerpo y que se adapte a la edad. Y si es posible una talla más que aquella de la cual uno se cree. Insólitamente, la ropa holgada hace parecer más flaca. Hay que tener camisas blancas, ésas son mis favoritas; un jeans recto, zapatos negros altos y bajos, accesorios coloridos…
“Chicas: nunca digan nunca”
–¿Qué debe haber en el clóset de un hombre?
–Un hombre debe tener camisas bien planchadas, una buena chaqueta, un traje negro para toda ocasión, remeras básicas ciento por ciento algodón y calzoncillos nuevos.

Ellos tienen el privilegio que si usan un jeans roto o unos zapatos gastados regalones, se ven con onda.

–¿Qué prenda uno no debiera usar jamás?
–No puedo pensar en nada horrible, porque tarde o temprano todo vuelve y seguramente te lo volverás a poner… Es tan fuerte la influencia que te doblegas a ella inconscientemente. Este año volvió el jeans nevado y jamás me imaginé, pero me encanta. De chica veía fotos con pantalones Oxford a la cintura y hoy tengo unos iguales. Hace unos años me reía con mis amigas de las mangas de murciélago, y después andábamos todas con ellas. ¿Quién pensó que la hombrera de los ’90 se iba a volver a usar? Y ahí está. Es lo más in de la temporada. Todos los diseñadores las están poniendo hasta en los vestidos. Y qué decir de las notas de moda en las mejores revistas, donde aparece el maquillaje flúor, que tampoco me gusta. Así que chicas: “Nunca digan nunca”.

Pampita

–¿Eres compradora?
–No compro mucho, prácticamente dos o tres prendas de valor al año, pero si tengo que darme un regalo, me gusta invertir en carteras, aunque siempre descarto el último modelo, ya que sé que pasará de moda al año siguiente. Elijo los grandes clásicos de cada marca, que muchas veces hasta son más económicos. Una cartera con esas características te acompañará siempre y realmente se paga la calidad. Tengo una hija que me lo va a agradecer.
–¿Eres exigente a la hora de comprar?
–Me gusta que lo poco que compro me dure años, que si abro mi clóset en 10 años, todo lo que encuentre lo pueda usar y siga teniendo la calidad del primer día.
–¿Algún otro consejo de cómo vestirnos las mujeres?
–No me gusta dar consejos, no soy quien... Creo que una mujer debe concentrarse en su propia personalidad para vestir y debe dejar de lado lo último de la moda. Que use algo sencillo y favorecedor con un buen corte y caída. Las uñas siempre deben estar prolijas, poco maquillaje, pelo brillante, zapatos con algo de taco, perfume sutil, algo viejo, lo que sea, un pañuelo o un broche. Un sobre de mano y una linda sonrisa, de ésas que muestran todos los dientes, nada más sexy que la alegría. ¿Y un hombre?, con el pelo limpio y afeitado, no pido más.
–¿Cómo te cuidas?
–Cuido más mi interior que el exterior. Vivir la vida con alegría me llena de vitalidad y eso se transmite. Duermo lo más que puedo, disfruto de mi casa, cada tanto, si quiero comer algo rico y calórico, me doy el gusto y lo vivo sin culpa. Hago deportes con placer, porque me descarga las malas energías, los malos pensamientos y me deja como nueva. Voy al cine aunque esté cansada y salgo agradecida de haberlo hecho. Me encanta ver gente talentosa y apasionada en lo que hace. Me río a carcajadas con mis amigas y también lloro cuando hay que llorar. Veo muchas cosas lindas, aunque no las vaya a comprar: muebles, revistas, cuadros. Juego con mis hijos tirada en el piso como una más y amo a los míos con un amor infinito y desmedido. No hay nada más lindo que vivir y sacarle el jugo a los momentos. Todo esto es la mejor receta para verse bien.

 

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