|
Tranquila y pausada, así es la Ana María Romero que abrió las puertas de su hogar a “Cosas” para hablar sobre su controvertida decisión de ingresar en la política, en momentos en que había decidido jubilarse para escribir y dedicarle mayor espacio a la familia. Los suyos habían creído recuperarla para un tiempo sin los sobresaltos del periodismo o la Defensoría del Pueblo, cuando ocurrió lo inesperado.
La abrigada sala familiar y una constante lluvia hacían prever que ésta, más que una entrevista, sería una larga conversación para conocer y desnudar las causas que llevaron a “Anamar” a enfrentar la aprobación y la crítica que suscitó una decisión que no estaba prevista en esta etapa de su vida. Así fue, y aunque estas páginas no logren contener cada detalle, gesto y afirmación, reflejan las conclusiones de una sabrosa charla en la que el tiempo se diluyó al compás de cada palabra.
Hacia los puentes del diálogo
¿Cómo decidió incorporarse a la actividad política?
Me decidí a dar el paso cuando el presidente Morales me dijo que necesitaba de mi concurso para tender puentes de diálogo y porque considero que estamos frente a un acontecimiento de gran trascendencia histórica. Mi postulación me ha costado críticas que en lugar de desanimarme me demuestran lo mucho que hay que trabajar en el plano de la interculturalidad y la toma de conciencia para desterrar el racismo que se ha agudizado últimamente.
¿Cuál es la relación personal y política que tiene usted con el presidente Evo Morales?
Mantenemos una antigua amistad que ha tenido sus altas y bajas. Lo conocí cuando era Directora de Presencia y años después lo volví a encontrar como Defensora del Pueblo. Los problemas del Chapare y las numerosas gestiones de mediación que realizamos con la Iglesia, la Asamblea y el Defensor nos llevaron a un permanente contacto, no exento de controversias. Lo he visto esporádicamente estos cuatro años, pero comparto plenamente su compromiso social y tengo sentimientos mezclados de respeto e incluso de ternura por este hombre humilde que se ha entregado sin reservas a la tarea titánica de cambiar las condiciones de vida de los suyos.
¿Y, políticamente...?
Tenemos varias coincidencias pero con acentos y perspectivas que responden a nuestras diferentes historias personales, partiendo del mismo hecho de que él ha sido un dirigente sindical clave de una organización campesina y yo una periodista afincada en la ciudad. Coincidimos básicamente en que se requería un cambio de timón... no podíamos seguir como estábamos con una mayoría en la pobreza y una minoría mirando a otro lado, atrapada en una visión estrecha de país. Me parece una obligación moral contribuir a que este proceso sea exitoso. Usted ha dicho que la senadora Ana María Romero será una especie de puente. ¿Puente de qué y entre quiénes? No lo he dicho yo... ése es el rol que el presidente Morales sugirió que podría cumplir cuando me invitó a postularme como senadora por el MAS. La idea me pareció atractiva especialmente después de las tensiones del 2008 que nos colocaron al borde de una guerra civil y de la experiencia que acumulé en el ámbito de la resolución pacífica de conflictos en la década pasada. Creo que hay que tender todos los puentes que sean necesarios para entendernos mejor y resolver nuestras diferencias por medio del diálogo.
Hay mucha gente que tiene miedo al cambio que vive Bolivia porque no lo entiende. Un puente hacia ellos me parece imprescindible en este momento de nuestra historia.
¿Se puede hablar de tender puentes cuando hay una clara victoria del presidente Evo Morales?
El Presidente tiene la intención de no usar el rodillo como se hizo en los tiempos de la Democracia Pactada, sino intentar dialogar con las minorías para lograr consensos que permitan avanzar dentro de una lógica distinta a la que acabamos de vivir con un poder del Estado como es el Legislativo, prácticamente paralizado. Vamos a tener nuevo Poder Judicial, Tribunal Constitucional, etc., pero para ello debe haber la capacidad de ponerse de acuerdo para elegir a las nuevas autoridades y dictar leyes. El desafío es justamente el de una apertura de doble vía.
Clase media: una veta política
¿Cómo interpreta esa victoria en las elecciones del 6 de diciembre?
Como la honda esperanza que el pueblo boliviano ha cifrado en este proceso y en sus efectos. Los dos tercios que se obtuvieron en el Congreso significan una posibilidad cierta de construir un proyecto con madurez, seguridad y amplitud con la oposición, sin sufrir la amenaza sistemática y el bloqueo que se dieron en la Asamblea Constituyente.
¿Cuál ha sido el aporte del departamento de La Paz para esta victoria?
El voto de La Paz tiene muchas lecturas. Creo que el departamento fue injustamente tratado por sectores de la llamada Media Luna y eso lo llevó a unirse y cerrar filas con el gobierno. Por lo demás, la visión simplificadora que se impuso estos años prediciendo la decadencia paceña, ha estado lejos de acontecer en el plano político, pues La Paz es también expresión de la potente emergencia aymara e indígena que vive el país y sigue siendo el departamento que alberga el mayor número de industrias.
¿Qué papel ha cumplido la clase media en la reelección del presidente Morales?
Creo que si bien se ha podido comprobar un sustancial aumento de votos de la clase media en favor del MAS, ésta dista mucho de ser un sector homogéneo. No convengo con la imagen superficial de que la clase media es un emporio criollo temeroso de este proceso. La clase media nacional se ha transformado en una verdadera síntesis del país, a la que ha arribado un contingente nutrido de intelectuales, trabajadores y comerciantes con signo cultural diverso y que es parte de la base social del país. Creo que la clase media votó por la estabilidad, pero también por la construcción de otro país y otro Estado, en el que puedan ser superadas las taras de un sistema político que se desmoronó a ojos vista. La victoria de Evo Morales muestra también que hay bolivianos que piensan diferente. ¿Qué propone para ellos? Los manuales elementales de la democracia nos enseñan que es la mayoría la que gana el derecho de llevar adelante un proyecto nacional. Las otras propuestas deben encontrar formas de avanzar conjuntamente sin dañar ese proceso, pueden ser críticas, plantear alternativas, alertar sobre los riesgos... Las minorías entraron a la contienda democrática con reglas claras y perdieron; por lo tanto, les toca asumir su derrota e intentar reconocer la realidad que es el primer paso para su recomposición.
¿Cuál va a ser su rol en la protección y mantenimiento de la democracia en un nuevo escenario como es el de los dos tercios?
El resultado de estos comicios me deja la impresión de que el pueblo intuyó que el Presidente necesitaba esa mayoría para poder aterrizar la Constitución y hacer los cambios que se ha propuesto, y lo interesante es que se la dio… Mi rol está establecido en la Constitución y será el de fiscalizar, legislar y gestionar. Son instrumentos suficientes como para trabajar eficazmente desde el Senado.
¿Cuál será el papel de la mujer en el nuevo gobierno de Evo Morales?
La nueva Constitución ha hecho posible que la presencia de la mujer en la Asamblea Legislativa Plurinacional esté alrededor del 30% y que en el Senado sea del 47%, y lo más interesante es que hay un principio de acuerdo entre mujeres de diferentes líneas políticas para actuar juntas cuando sea necesario para el avance de nuestros derechos. Las diferencias que existen entre hombres y mujeres no pueden seguir siendo convertidas en desigualdades como lo ha hecho hasta ahora la sociedad patriarcal.
¿Cómo evalúa la institucionalidad boliviana sin una Corte de Justicia, sin un Tribunal Constitucional ni un Defensor del Pueblo titular?
Son temas que preocupan y por eso serán tratados casi inmediatamente en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Son tan graves como lo que significa tener una justicia cuoteada políticamente que funciona mal, como centro de corrupción, de arbitrariedad y de acentuación de las desigualdades. La Corte Suprema, si bien ha pasado por una crisis, está funcionando y una vez que se aprueben las leyes del Órgano Judicial y el Tribunal Constitucional, las y los bolivianos elegiremos de manera directa y por vez primera a jueces y magistrados. Esto debería ocurrir en el transcurso de este año. En tanto, el ideal sería llegar a un consenso para elegir de forma extraordinaria un Tribunal Constitucional interino.
En cuanto al Defensor, el mandato del anterior titular, Waldo Albarracín, concluyó a poco de aprobarse la nueva Constitución y es preciso esperar a que se apruebe la nueva Ley de la Defensoría y que la Asamblea elija a su sucesor.
¿Cómo le gustaría ver al país al cabo de los 5 años de gestión que le esperan?
Con el sentimiento unánime de que ha sido posible construir democracia y autonomías con igualdad y justicia, con el reconocimiento y el rescate desprejuiciado de nuestra monumental herencia de diverso signo y culturas. Qué decir de los avances materiales que podríamos lograr si nos pusiéramos de acuerdo en lo esencial que pasa básicamente por la construcción de equidad y justicia social.
|