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En menos de diez días visitó Londres y Marruecos, siempre junto al príncipe Felipe y siempre marcando estilo. Su opción por las polleras más cortas se hace notar.

Un vestido gris de talle alto y mucho más corto que las polleras usadas hasta hoy marcó el nuevo rumbo de la princesa Letizia en su look otoñal. Lo usó en un acto de premiación a la prensa española, combinado con medias negras y unos gruesos zapatos de gamuza con plataforma y sin punta: la versión abrigada de los “peep toes” que impuso en la pasada primavera europea.
Días más tarde repitió el efecto mini con un vestido de raso color rosa viejo aguindado en otra ceremonia de premios: la de los Empresarios Jóvenes de España. Esta vez con medias del mismo color y zapatos con plataforma más delgada. El vestido tiene canesú bordado, es de líneas amplias y suelto para disimular su silueta que sigue siendo esquelética pero que ya a nadie le merece comentarios porque, al parecer, los medios españoles se acostumbraron a verla delgadísima.
El fin de año ha supuesto para Letizia y su marido, el príncipe Felipe, varios viajes flash a regiones y también al exterior. Después de su recorrido express por Nueva Delhi a comienzos de noviembre, se trasladaron el viernes 20 a Marruecos en visita oficial y el 24 a Londres para asistir a otro acto vinculado al periodismo: el Premio de los Corresponsales Extranjeros.
A Rabat, la capital marroquí, viajaron para inaugurar las nuevas instalaciones del Instituto Cervantes que se hicieron necesarias porque allí ha crecido enormemente la demanda por clases de español. A este país musulmán Letizia llegó mucho más recatada: con pollera bajo la rodilla, nada de escote y mangas cerradas en la muñeca, tal como requiere esa religión que impide a las mujeres –en sus versiones más suaves– lucir los codos.
Fueron recibidos por el príncipe Muley Rachid, hermano del rey Mohamed VI de Marruecos, acompañado por un destacamento de la Fuerza Real del Aire Marroquí y en el aeropuerto tomaron leche y comieron dátiles, la bienvenida tradicional en ese país. En el Palacio de Huéspedes Reales almorzaron junto al mismo príncipe y la hermana del monarca, la princesa Lalla Asma. Tras la ceremonia en el Instituto Cervantes volvieron a Madrid.
Su viaje a Londres, a la semana siguiente, tuvo el mismo ritmo acelerado y funcional. Los príncipes muestran así que están absolutamente a tono con los tiempos, cumpliendo sus obligaciones puntualmente y sin quejarse.
En lo que respecta a Letizia, sigue sumando puntos para ubicarse entre las más elegantes de España y adquiriendo experiencia para aparecer en público sin su marido. Por estos días, visitó junto a la reina Sofía un bazar filantrópico que vende adornos y otros productos navideños a beneficio de diferentes instituciones de ayuda a la comunidad. Aquí optó por cómodos pantalones y uno de esos chalequitos tejidos que le dan ese look tan plebeyo que le encanta.
El factor Elena
Durante estas idas y venidas se produjo el anuncio de divorcio de la princesa Elena y Jaime de Marichalar. Se recordó, entonces, que Letizia era divorciada cuando conoció al príncipe Felipe y eso no fue impedimento para que se casaran y ella se convirtiera en princesa, pese a todas las opiniones en contra que surgieron por esos días de parte de monarquistas conservadores y también algunos liberales, como el periodista Jaime Peñafiel. Este profesional no ha cambiado de opinión y en su columna del diario “El Mundo” sigue diciendo que la ex periodista no fue la mejor elección del príncipe Felipe, y que éste cometió una irresponsabilidad con su país y con su rango al casarse con una divorciada, hija de una sindicalista de izquierda y nieta de un taxista.
En todo caso, el factor Elena hizo también que se recordara que, en verdad, la actual infanta no fue la primera divorciada, ya que ese rol lo cumplió en el año 1900 doña Eulalia, hija de la reina Isabel II de España, que posteriormente se convirtió en propagandista del divorcio y la liberación femenina, lo que era un escándalo en la época.
Años más tarde, también se divorció la infanta Isabel Alfonsa de Borbón, hija mayor de Alfonso XII, que se había casado con el conde Zamoyski en el año 1929.
Luego vino el de Alfonso de Borbón y Battemberg, hijo mayor del rey Alfonso XIII, que lo hizo en dos ocasiones. En 1937 se divorció de Edelmira Sampedro –con lo que perdió su condición de heredero al trono–, y en 1938 de Marta Rocafort y Altazarra. Su hermano, el infante don Jaime, anuló en 1947 su matrimonio con Enmanuella Dampierre.
Ninguno de los actuales integrantes de la familia real ha hecho ningún comentario sobre el divorcio de Elena, tal como no se han referido nunca al de Letizia. Quizás, en estos días el mejor apoyo de la infanta sea justamente su cuñada plebeya y con la experiencia de un primer matrimonio fracasado. Considerando que no se llevan bien, tal vez éste sea el vínculo que las una. Como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga.
APOYO REAL
Un inesperado respaldo le llegó a Letizia de la princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía. Ella recientemente declaró en Madrid que quiere a todos los hijos de sus hermanos por igual, y considera que “Felipe será un gran rey porque tiene un corazón grande y muy profundo”. Agrega que se parece tanto al rey Juan Carlos como a la reina Sofía y también tiene mucho de su abuelo, el rey Pablo de Grecia. En cuanto a Letizia, aseguró que “es fantástica. Es muy humana y correcta”.
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