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Graciela Cuéllar: La Reina del Bicentenario PDF Imprimir E-mail

“Ser reina del Carnaval no es simplemente subirse a un carro a saludar; es demostrar la alegría del pueblo cruceño, es mantener una tradición viva y contagiar a la gente de optimismo”.

Por: María José Parejas / Fotos: Pablo Manzoni.

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reina_2El reinado de Graciela Cuéllar empezó marcando diferencias. Para comenzar, su proclamación fue el secreto mejor guardado dentro de la farándula cruceña; una verdadera proeza, tomando en cuenta que ahora en Santa Cruz tenemos una plaga de paparazzi por todas partes. El hermetismo fue tal, que prácticamente la misma soberana y su familia fueron oficializadas esa misma tarde. “Cuando me invitaron a ser reina —a comienzos de septiembre del año pasado— me advirtieron que era un secreto, pero se empezaron a barajar varios nombres en la prensa y no sé cómo se filtró el mío. A raíz de eso, los Fandangos se alejaron un poco y llegué a pensar que se habían desanimado, pero la mañana del 24 de septiembre recibí una llamada de confirmación. Esa tarde les avisé a mis padres, a mi cortejo y a mis hermanas, y todos los demás se enteraron esa noche en la Expocruz. Fue muy emocionante y realmente una sorpresa, me encantó”, cuenta entusiasmada.

Parte de este entusiasmo —aclara Graciela— también se debe a que el año de su reinado coincide con los 200 años del grito libertario de la ciudad, por lo que la soberana, a través de las fantasías del Carnaval, será la reina del Bicentenario, motivo por el cual el paso de Graciela y los Fandangos por la fiesta grande promete dejar huella.

Estoy muy contenta, el proyecto de los coronadores es hermoso y es realmente un homenaje a nuestra ciudad; estoy muy orgullosa de poder ser parte de esto”, indica muy optimista y con una contagiante sonrisa. Y es que así es la reina del Carnaval Cruceño 2010, muy alegre, dentro de una sencillez que la ensalza, siempre sonriendo espontáneamente.

Graciela, a quien sus familiares y amistades cercanas llaman “Chilín”, tiene 22 años, mide 1,73 m, forma parte de las filas de Pablo Manzoni y estudia Diseño Industrial en la UPSA. Sus padres son Rosendo Cuéllar (comandante del Colmilav) y Graciela Égüez. Tiene cuatro hermanas: Lauren, Éricka, María René y Susana, y dos sobrinos que son su adoración.

La familia Cuéllar Egüez es de Portachuelo y, por lo general, celebra Carnaval en ese pueblo, pero este año es diferente pues la reina —quien confiesa que desde niña soñó con esta distinción— es de la  casa.

Reina“Es increíble, pero realmente me despierto todos los días —a veces a las cinco de la mañana— feliz y con mucha energía, estoy tan contenta que necesito contagiar la alegría que tengo. Estoy consciente de que estoy viviendo una oportunidad única y que será algo que no olvidaré”, comenta decidida. Es por eso que en persona se está haciendo cargo de llenar un álbum, que ella misma fabricó, con recortes de todo su paso por el Carnaval. Seguramente este álbum será muy grueso, pues desde enero que “Chilín” cumple una agenda apretada. Visita canales de televisión prácticamente a diario, tiene eventos por lo menos dos veces a la semana, sesiones de fotos y elección de vestuario; trajina todos los días a la peluquería y a la modista, sin dejar de mencionar los eventos de beneficio social que caracterizan a las reinas, actividades que realiza con mucha alegría. Y ese es precisamente “su trabajo”: entregar alegría, pues es el centro de la fiesta más importante de Santa Cruz.

Esta es la segunda vez consecutiva que se entrega el rol de reina a una Magnífica. El año pasado su colega, María René Antelo, fue una reina que cautivó por su belleza y elegancia. Y aunque es un absurdo compararlas, la una es rubia y la otra trigueña; la una es menudita y la otra es alta; tienen, sin duda, un común denominador: una belleza indiscutible.

Pero más allá de toda comparación, la bandera única que lleva Graciela es la del Bicentenario. Con este motivo la reina tiene la responsabilidad y, por qué no, la alegría de rendir tributo a esta importante fecha. Es por eso que la coronación se denominará “Iyambae la lucha continúa”, un homenaje a la ciudad de Santa Cruz y su permanente afán progresista. “No se trata de una posición política, de proselitismo ni de campañas en pro o en contra de algún partido” —aclara la soberana— “pues el Carnaval no se debe mezclar con estas cosas, es simplemente una manifestación de cariño y orgullo de pertenecer a un pueblo, un reconocimiento a su gente y, sobre todo, un repaso de su historia”.

Con el objetivo claro: rendir culto a Santa Cruz, las herramientas bien pulidas: energía, alegría y entusiasmo, Graciela se prepara para la gran fiesta junto a un verdadero batallón detrás de ella: los coronadores, que a decir de Graciela, la tratan como una verdadera reina y están pendientes de sus pasos las 24 horas; su familia que la acompaña permanentemente; Pippo Galarza, que es como su chaperón; y su cortejo —José Lozano—, quien tratando de mantener un bajo perfil, la acompaña como un verdadero guardaespaldas. Con todas estas “armas”, Graciela se siente confiada, segura y muy feliz para vivir en pleno “una de las etapas más bellas de su vida”.

“Ser reina del Carnaval no es simplemente subirse a un carro y saludar. Es demostrar la alegría del pueblo cruceño; es mantener una tradición viva y contagiar a la gente de optimismo. Y este año es especial porque festejamos el Bicentenario, así que es realmente una responsabilidad. Es una tarea hermosa que cumplo con mucho cariño, y aunque en algún momento sienta cansancio, no quisiera que termine nunca”, señala con la sonrisa amable que la caracteriza.

 

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