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El nuevo poder que está teniendo la princesa Letizia comenzó a advertirse en España ya en los primeros días de este año 2010. La ex periodista consiguió romper dos tradiciones de la familia real e imponer a su marido, el príncipe Felipe, nuevas costumbres para las fiestas que enlazan un año con el siguiente.
Así, mientras las infantas Elena y Cristina pasaron la primera semana de enero esquiando en el centro invernal de Baqueira Beret, Letizia y su familia estaban fuera de España. El 26, los príncipes y sus hijas volaron a Londres como primera escala de un viaje que los llevaría con un destino desconocido y más lejano.
Hasta hace un par de años, toda la familia real –incluyendo por supuesto al príncipe Felipe–, pasaba unas breves vacaciones invernales en Baqueira a comienzos de enero; pero a Letizia no le gusta esquiar y le bastó un corto tiempo para convencer a su marido de abandonar ese deporte.
También consiguió que el príncipe la apoyara en su deseo de celebrar un almuerzo navideño cada 25 de diciembre en su casa, con la familia Ortiz. De esta forma se eliminó de la agenda el que ese día organizaban los reyes en La Zarzuela con todos los Borbón, incluso primos lejanos. Era un gran evento amistoso que compartían los soberanos con sus hijos, las hermanas del rey, los hijos de éstas, sus nietos y los mejores amigos de Don Juan Carlos y la reina Sofía. ¿Qué opinarán todas estas personas de Letizia? Con el capricho de privilegiar a su familia, arruinó una celebración que tenía casi tantos años como la reposición de la monarquía en España.
Los comentaristas de la realeza esperaban este fin de año para, también, testear el estado de la relación entre Letizia y las infantas Elena y Cristina. Los datos claves serían justamente el almuerzo del 25 y los días de esquí. De acuerdo a esto puede decirse que la falta de cariño entre la princesa y sus cuñadas es patente, ya que Letizia no dio ni un paso que permitiera celebrar juntas. Sólo se vieron, aparentemente, la noche del 24 en La Zarzuela. Algunos ilusionados cronistas suponían que Cristina y su familia podrían alojar en la residencia de los príncipes de Asturias; pero eso ni siquiera estuvo en la mente de los principales involucrados. Letizia no abrió sus puertas a los Urdangarín.
Después del viaje al extranjero, los príncipes participaron en Madrid en la llamada Pascua Militar, una ceremonia que se realiza en el Palacio Real y en la que Letizia lució un traje largo de terciopelo rojo y un maquillaje bastante intenso, considerando que se trata de una recepción en la mañana. También llevaron a sus hijas a un espectáculo de Disney y compartieron de nuevo con los Ortiz en la casa del padre de Letizia, la tarde del Día de Reyes –el 6 de enero–, la fiesta máxima de los niños españoles.
En todas estas actividades la princesa lució el pelo muy liso, destacando aún más su cara impecable, perfectamente ovalada y sin trazas de signos de expresión en los ojos y las comisuras de los labios.
Los efectos de la cirugía que se practicó en la nariz y la barbilla, y las inyecciones de bótox, han sido muy favorables para ella.
Itinerario de un cambio
 
En estas dos fotografías se nota la dramática diferencia en el perfil de la princesa Letizia.
A mediados de agosto de 2008, poco después de respaldar al equipo español que participó en los Juegos Olímpicos de Beijing, la princesa ingresó sigilosamente al quirófano para someterse a una cirugía plástica.
Eligió ese mes porque, en teoría, tenía toda la segunda quincena sin compromisos oficiales, lo que le daría tiempo para recuperarse bien. Pero el accidente en que murieron 153 pasajeros al estrellarse un avión que recién despegaba en el aeropuerto de Madrid la obligó a suspender su convalecencia y acompañar al príncipe en su visita a los 19 sobrevivientes. En cuanto la vieron, todos los periodistas y fotógrafos apostados en los hospitales dieron la alerta: la princesa se hizo “algo” en la cara.
Para evitar especulaciones, en palacio se emitió rápidamente un comunicado informando que Letizia tenía una desviación del tabique nasal que le provocaba dificultades respiratorias, por lo que el servicio médico de la Casa del Rey le había recomendado que se sometiera a una septorrinoplastia. Esto es una mezcla entre septoplastia, cirugía que endereza la pared central de la nariz, y rinoplastia, que altera la forma nasal con fines estéticos.
Lo curioso es que Letizia nunca había manifestado problemas respiratorios mientras trabajaba como lectora de noticias en televisión, ni al leer sus discursos como princesa, ya que siempre se ha distinguido por la corrección de sus palabras y su agradable tono de voz.
Según la información oficial, la operación la realizaron los servicios médicos de la Casa Real y la princesa no tuvo complicaciones. La recuperación fue rápida, pero los periodistas comenzaran a revisar las fotografías de Letizia desde que se casó, llegando a la conclusión de que “parecía” haberse realizado pequeñas intervenciones desde esa fecha; aunque la de agosto de 2008 fue mucho más evidente.
No se informó del día ni lugar en que se efectuó la cirugía. Algunas versiones aseguran que fue el 12 de agosto en un centro privado de Madrid, mientras que otras sostienen que viajó acompañada de su madre, Paloma Rocasolano, a operarse en una clínica en Ginebra.
Pocas semanas más tarde se desmintió que se hubiera operado también el mentón, ya que éste se veía menos duro y prominente. En ese momento el veredicto de algunos especialistas fue que su barbilla lucía más suave sólo por efecto de la hinchazón posoperatoria, descartando una cirugía.
En octubre del mismo año, el sitio de Internet “Monarquía Confidencial” aseguró que, además de la nariz, Letizia se había operado también el mentón y se puso implantes mamarios. “Ni la princesa ni la Casa del Rey nos han desmentido, y no lo harán, porque lo que dijimos es rigurosamente cierto”, afirmó muy seguro Fernando Rayón, director del sitio. Según ese medio electrónico, la princesa fue operada en el Hospital Ruber Internacional de Madrid, por el doctor Antonio de la Fuente, jefe de la Unidad de Cirugía Plástica.
Efectivamente, esta información nunca fue desmentida y trascendió que el plan informativo de la Casa Real habría sido reconocer oficialmente sólo una septorrinoplastia por motivos médicos, pero mantener ocultos el retoque del mentón y los implantes mamarios, ya que ambas intervenciones son tan discretas que pueden pasar inadvertidas.
Tal como le ha ocurrido a millones de mujeres que pasan por el quirófano, Letizia le perdió el miedo a los retoques faciales y se puede apreciar, mirando sus fotos por fechas, que ha tenido nuevos “pinchazos” de bótox y colágeno. “Su cara es diferente a la que tenía cuando se casó. Más suave quizás, pero indudablemente menos expresiva”, opinó una comentarista.
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