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A este reconocido y apreciado escritor, doctorado en historia e indiscutible ciudadano cruceño, le toca el momento de hacer un análisis de la coyuntura que vive Bolivia. En una charla sincera, franca y autocrítica con “Cosas” sobre la presencia del liderazgo cruceño en las elecciones de diciembre, nos plantea una serie de cuestionamientos sobre el presente y el futuro del país.
Por: Carla Tejerina / Fotos: Wladimir Klocker.
Dar una mirada retrospectiva a los últimos años le evoca una sensación de tiempos duros y de desgastes infructuosos por los continuos enfrentamientos. Al respecto recuerda el titular de una de sus columnas de hace algunos años que en tono apocalíptico sentenciaba: “Objetivo destrucción”; en ese momento lo percibió así y hoy en día aún mantiene su convicción, como él dice, “hasta que no se demuestre lo contrario”.
¿Cuál es la situación en la que se encuentra Santa Cruz ante el actual escenario político de refundación del país? El objetivo de Evo Morales, iba a decir del MAS, pero rectifico, Evo Morales y la fuerza que lo ha llevado ahí, es la destrucción de Santa Cruz y de todo lo que signifique cruceño junto a sus instituciones. Destruirlo, porque es el principal obstáculo que tiene para su proyecto hegemónico, y si el objetivo era ese, destruir Santa Cruz, estos 5 años han sido muy duros porque ha sido una lucha frontal y seguirá así.
Y ese objetivo de destrucción al que se refiere, ¿hace que Santa Cruz esté temeroso, mantenga un statu quo o retroceda? Que retroceda. De hecho, se ha estado retrocediendo. Ahora es cuando nos ponemos a ver todo lo que se había ganado, entre comillas, en función de obtener una autonomía, una descentralización; otra vez estamos volviendo al Estado centralista, andinocentrista, que solamente le interesa la realización del proyecto Gran Ayllu Aymara y, por tanto, aymarizar todo el país. Estamos volviendo de una lucha antiimperialista, hispánica primero, antinorteamericana después, para ahora convertirnos en un pequeño imperio caricaturesco aymara que va a avasallar a toda Bolivia.
¿Qué pasó el 6 de diciembre?, ¿por qué Santa Cruz no fue capaz de consolidar un frente de oposición? En eso los cruceños nos entusiasmamos primero con el tema de la autonomía. Recuerdo que un 28 de enero hace 5 años fue una de las grandes reuniones que hicimos a los pies del Cristo Redentor, antes del “Cabildo del Millón”. Los cruceños pensábamos que la solución para el país era cambiar la administración centralista por una administración autonómica, y pensábamos que la habíamos obtenido después de haber reunido a un millón de personas; lamentablemente nos la creímos.
A veces hay que mirar un poco hacia atrás para darse cuenta de las cosas. El proceso de independencia de nuestros países no fue un acto de magia. No es que el 25 de mayo de 1809 el grito libertario y toda la Audiencia de Charcas se declaró libre, no; fue un proceso largo, doloroso, con mucha sangre, con muchas lágrimas, y recién el 6 de agosto de 1825, luego de 16 años, se consolidó ese proceso.
Eso fue lo que nos pasó, nos habíamos enamorado de la cosa autonómica y pensamos haber alcanzado el cielo. Nos equivocamos, perdimos una batalla. La guerra no está perdida, el proceso sigue, no se ha desmoronado.
A lo mejor nos hemos enojado unos con otros, hemos dicho que nuestra dirigencia no se portó bien; es una dirigencia que se ha hecho de pronto, sin experiencia política y tal vez lo hicieron bien nomás y, cuidado, ésta es sólo una batalla, no la guerra.
¿Cuál es el espacio de Santa Cruz en el Estado Plurinacional? No lo sé. Yo creo que así como están las cosas Santa Cruz no cuenta para el Estado Plurinacional. Hace un momento yo hablaba del gran Ayllu Aymara; sólo contaríamos como una parte integral de esa comparsa en la que nos vamos a tener que disfrazar para poder formar parte de ella.
Este país, tan inmensamente grande, tan inmensamente diverso, con tan poca población, pero con una riqueza y variedad cultural increíble, se hizo a partir de la diversidad, la singularidad, y la fuerza de este país está en que seamos capaces, a pesar de todo, de conseguir una unidad en esa diversidad, que consigamos vernos al espejo a partir de los estudios de historia del arte que hicieron José Mesa y Teresa Gisbert y descubramos esa cultura mestiza, la música chiquitana, esa maravilla que nos dio un sentido de país mestizo, y ¿dónde queda todo eso ahora? Somos un país mestizo, diverso, y lo que se está haciendo, por más que se diga “Pluri” y se hable de las 25 naciones, es que nos están tratando de destrozar.
En ese escenario de lo diverso, ¿qué opina de los nuevos símbolos patrios del Estado Plurinacional? Es parte de ese Carnaval y del confusionismo que se quiere crear. Si uno conversa con las personas y se les pregunta: está la tricolor y está la wiphala, ¿me puede explicar qué es eso? No te van a dar una explicación. Si te vas a una plaza o a un mercado y le preguntas a una persona si el 6 de agosto ya no cuenta y que el 22 de enero es una nueva fecha nacional, ¿usted cree que le va a contestar? Aceptar y respetar al otro no es disfrazarse del otro, es mirarlo de frente y tratar de comprender cómo es. Eso es lo que estábamos haciendo y no nos equivocamos; tenemos que seguir por ese camino.

¿Cuál es el escenario óptimo y las condiciones mínimas para que Santa Cruz se sienta integrado y forma parte del nuevo proyecto de Nación del presidente Evo Morales? Primeramente tendría que hacerse realidad el discurso del Presidente luego de una de las ceremonias en Tiwanaku, en el que decía que todos nos debemos comprender, que todos debemos trabajar. Si eso se hace realidad será una maravilla, pero al día siguiente aparece con un nuevo discurso, y ese papel lo tira a la basura. Ahora hay un gabinete en el que aparentemente no hay manos duras, pero uno se pregunta, ¿por qué uno se vuelve desconfiado, por qué a uno siempre le están tratando de vender gato por liebre; éste va a ser un gabinete que va a funcionar, o es que detrás de cada ministro tendremos un poder oculto? Yo por lo menos me he hecho esa pregunta y estoy seguro de que más de uno, más de diez o cien se la han planteado también.
Me parece magnífico que haya tantas mujeres en el gabinete. Yo siempre he dicho que tenemos que visibilizar a las mujeres, pero no en competencia con los hombres; las mujeres valen por sí mismas. Sin embargo, resulta que cuando examinas el discurso del Presidente, no es por cuestión de números que hay tantas mujeres sino por un homenaje a su mamá, a su hermana o a su hija. Yo creo que hay que ser consecuentes y quisiera creer en esa buena voluntad. Si voy a vivir en este país quisiera que ninguno de mis hijos se vaya y que mis nietos –recién estoy estrenando nietos– tengan la oportunidad de ser tan felices como yo lo fui. Para eso yo quisiera creer en la buena voluntad de don Evo Morales Ayma.
Usted muestra una posición firme, contestataria, desconfiada. ¿Es esa la visión de un reducido grupo o la visión de todo Santa Cruz?, ¿qué pasó con la votación a favor del MAS el 6 de diciembre? Es la misma sorpresa de la votación paceña que le dio el poder a Evo Morales no solamente en las zonas altas, sino en la zona sur. Y no fueron las empleadas, sino los señores de la zona sur los que votaron por el MAS porque pensaron que lo podían manejar.
Y se lo voy a decir sin pelos en la lengua. Los cruceños estuvimos durante mucho tiempo preocupados por hacernos un lugar en esta Bolivia en la que éramos invisibles. Empezó en 1904 y nos costó mucho. Enfrentamos las luchas cívicas de los años 50, hasta que por fin empezamos a administrar nuestras regalías. Esta ciudad empezó a surgir y de pronto nos engolosinamos con el desarrollo económico y nos olvidamos de lo importante que es el espíritu y el ser humano cuando tiene algo que es suyo. Cuando te ha costado hacer todo lo posible por mantenerlo. No sé si contesto con eso… nos hemos mariconeado y no arriesgamos apostando nuestro bienestar.
¿Cuál es el destino de Santa Cruz de aquí a 5 años? Yo soy historiador. No tengo bola de cristal, pero el destino de Santa Cruz –siempre lo he dicho– es ser cabeza de Bolivia; su destino es dirigir Bolivia. Hemos demostrado que de no tener nada, tenemos las cosas más importantes del país en temas culturales. Para mí así ha sido y seguirá siendo por siempre: Santa Cruz, la cabeza de Bolivia.
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