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El director de la película que marca un hito en el modo de hacer cine, nos cuenta el proceso por el que llegó a imaginarla y realizarla. Al mismo tiempo piensa que los terrícolas somos parte de la naturaleza y si la destruimos pereceremos junto con ella.
Por: Yenny Nun, corresponsal
Cuando en 1997 la película “Titanic” recibió 11 premios Oscar, incluyendo mejor guión y mejor director, James Cameron se autoproclamó “el amo del universo” y los terrícolas comenzamos a aguardar impacientes su nueva creación. Pero trascurrieron 12 años hasta que el director y productor canadiense mostrara “Avatar”, la película más cara de la historia del cine. Mientras que en 1996 “Titanic” costó 200 millones de dólares y recaudó más de mil, “Avatar” se produjo por 300 millones, por lo que deberá obtener más de 900 para recuperar costos. Pero tanto Cameron como los Estudios Fox están confiados: sólo en los primeros tres días “Avatar” recaudó 75 millones de dólares en Estados Unidos, lo que augura cuantiosas recaudaciones en todo el mundo. Aparte de las entradas, se venden juguetes, el juego de video, merchandising, ropa, además del DVD y derechos de televisión. Ya está nominada a los Globos de Oro y es segura candidata a los premios Oscar.
James Cameron nos mostró “Avatar” en los estudios de 20th Century Fox una hora después de haberla terminado de editar, contándonos que somos los primeros en el mundo en verla. En agosto nos había invitado a sus oficinas para ver un adelanto de 25 minutos. En ambas oportunidades, se vio muy entusiasta, hablando a cien por hora, explicando la génesis de su megaproyecto y mostró figuras de sus personajes, dibujos y maquetas. “Siempre me ha fascinado imaginar mundos de fantasía”, explicó. “Y me gusta tener heroínas fuertes como Ripley en ‘Aliens’, Sarah Connor –interpretada por mi ex mujer Linda Hamilton– en ‘Terminator’ y ahora Zoe Saldana como Neytiri”, cuenta entusiasmado.
Cameron ha tenido cinco matrimonios. Cuando joven se casó con la mesera Susan Williams que inspiró el personaje Sarah Connor de “Terminator”; luego vino la productora y guionista Gale Anne Hurd, con la cual produjo “Terminator” y “Aliens”; posteriormente se unió a la directora Kathryn Bigelow y juntos escribieron “Punto de quiebre” y “Strange days”. En 1991, Cameron contrajo matrimonio con la actriz Linda Hamilton, protagonista de “Terminator” y finalmente, en 2000, se enamoró de la actriz Suzy Amis, a quien conoció cuando la dirigía en “Titanic”. Cameron tiene tres hijas y dos hijos de sus matrimonios con Linda Hamilton y Suzi Amis.
Nació en Ontario, Canadá, hace 55 años; su padre era ingeniero eléctrico y su madre, artista y pintora. Más tarde la familia –son tres hermanos–, se trasladó a vivir al pueblo de Brea, en California. De niño, a Cameron le interesaba la ciencia ficción y la astronomía y comenzó a escribir cuentos a los 9 años, edad en que declaró que él podía hacer una película mejor que “King Kong vs. Godzilla”. Era un lector voraz, pero la obra que definió el curso de su vida fue la película “2001: Odisea del espacio” que vio 10 veces y lo inspiró a experimentar con la cámara de 8 mm de su padre. Luego de graduarse del colegio, entró a estudiar física a la Escuela de Fullerton hasta que, a raíz de su primer matrimonio, dejó los estudios y se dedicó “a trabajar de camionero y a fumar marihuana, pero seguía obsesionado con el cine”. Y agrega: “Después de ver ‘La guerra de las galaxias’, en 1977, decidí que haría mis propias películas épicas”. Dejó su trabajo y a su mujer, partiendo a Los Angeles a probar suerte con un corto de 12 minutos titulado “Xenogenesis”. En 1984 escribió su primer guión “Terminator”, y el resto es historia.
Con fama de visionario, genio, difícil por su perfeccionismo y sus obsesiones, James Cameron es admirado por su capacidad de unir cine y tecnología y considerado hoy uno de los directores más exitosos de Hollywood.
Muy simpático, carismático y conversador, hay que interrumpirlo para que deje de hablar. Describe “Avatar” como una historia de amor igual que “Titanic”. El título se refiere a los “avatares”, seres con mente humana dentro del cuerpo azul de los habitantes del planeta Pandora. Allí se desarrolla la acción entre los seres humanos violentos y arrasadores que desean sacar un valioso metal destruyendo el hábitat de los nativos: muy parecido a lo que ocurre hoy en el Amazonas y muchos otros lugares del mundo.
El elenco lo integran, entre otros actores, el australiano Sam Worthington –como el soldado inválido Jake Scully que vuelve a renacer como un “navi” de cola y orejas largas–; Zoe Saldana como la nativa Neytiri, quien le muestra el nuevo planeta y se enamora de él; Sigourney Weaver como la científica a cargo de la expedición, y Giovanni Ribisi, como el cruel general decidido a la destrucción total para cumplir su misión.
Construyendo un sueño
–¿Por qué demoró tanto en dirigir un filme después de “Titanic”? –Mi idea era hacer “Avatar” antes de “Titanic”. De hecho, escribí esta historia en 1995, y pensaba rodar la película el ’98, pero me informaron que no existía la tecnología necesaria para lo que yo visualizaba. Esta mejoró con “Terminator 2” y “El señor de los anillos”, y finalmente la empresa WETA de Peter Jackson, en Nueva Zelanda, me ofreció la tecnología requerida. –Dijo que hacer esta película fue como saltar a un precipicio. ¿En qué sentido? –Ibamos a llevar la creación de personajes computarizados más allá de lo que nunca se había logrado porque nuestra intención fue presentar seres con vida, auténticos desde el punto de vista visual y emocional. Para esto, tuvimos que desarrollar una tecnología nueva y convencer a 20th Century Fox para que financiara este sueño. No podía ser una casa construida en la arena. –¿Cómo los convencieron? –Hicimos una escena de prueba que nos tomó seis meses y se la presentamos a los jefes de Fox, Tom Rothman y Jim Giannopoulos. Les mostramos cómo atrapamos el movimiento de los actores haciendo sus interpretaciones, y cómo en WETA digital en Nueva Zelanda, a través de tecnologías computacionales, estas caracterizaciones tomaban vida propia. Quedaron convencidos y nos dieron el financiamiento. –¿De dónde le vino la inspiración para escribir “Avatar”? –De mis sueños, los de otras personas, todos los libros de ciencia ficción que leí cuando niño e ideas que me interesaban. Como artista, a través de los años, dibujé mucho arte fantástico, tenía montones de dibujos guardados en mis cajones, por lo que, de cierta manera, regresé a ellos, volví a las raíces. Me dije: “Incluiré en ‘Avatar’ todo lo que alguna vez quise ver”. Por eso se mezclan tantos conceptos visuales en esta cinta, ideas que acumulé durante 20 años. –¿Por qué eligió el nombre de Pandora para la luna de “Avatar”? –En la mitología griega, Pandora es la primera mujer y se ha malinterpretado. Cuando se abrió “la caja de Pandora”, todos los males de la humanidad se escaparon, salvo uno que fue la esperanza. Asociamos esa idea con la salida de demonios o males y en “Avatar”, los humanos ven a Pandora como un lugar malo. Sin embargo el protagonista, Jake, hace un viaje allí y se da cuenta de que es un paraíso. Neytiri, la coprotagonista, le explica que si él deja a los animales tranquilos, no lo atacarán. Los “navi”, nativos de Pandora, viven en equilibrio con la naturaleza; no quiero decir armonía porque da la impresión de que todos se sientan en un círculo tomados de las manos y cantan (risas). –¿Cómo describiría la trama? –Es una historia de amor, es acerca de cómo un ser le ayuda a otro a activar su percepción. Neytiri le enseña a Jake, y él deja de ser de un soldado violento y se convierte en un hombre que ama y respeta la naturaleza y a todos los seres en ella. –¿Costó crear la escenografía? –Quise recordarle al público lo imaginativa que es la naturaleza y creamos un mundo inspirados por ella. Cuando diseñábamos nuestros protagonistas y criaturas nos sentimos muy humildes, porque cada vez que pensábamos que teníamos una idea que la naturaleza no había creado, abríamos un libro o viajábamos a un lugar y allí estaba nuestra inspiración.

“Soy un explorador”
–Usted es director de cine, productor, guionista, técnico, experto en scuba y visionario… –Pero no compongo música (risas). –¿Cómo se ve a sí mismo, cree que “Avatar” altera la conciencia? –En cuanto a la última parte de su pregunta, aún no lo sé porque ninguno de nosotros ha visto la película completa. Creo que la tecnología 3D afecta la mente de una manera positiva respecto a cómo grabamos las imágenes en nuestro cerebro. Creo que el 3D tendrá un futuro importante en la educación y quizás en marketing, porque la experiencia es más profunda. En cuanto a cómo me perciben, deseo que lo hagan de una manera que me permita reunir el dinero necesario para hacer otra película, así de sencillo (risas). Quiero ser un explorador y un artista, es lo que más me satisface. A veces la exploración puede ser tecnológica, descubriendo nuevas maneras de hacer imágenes –lo que cruza hacia el arte–, o puede ser pura exploración, como sumergirme en los océanos, lo que me fascina. –¿Ve a su película como un mensaje para que cuidemos el medio ambiente? –Totalmente. “Avatar” es acerca de cómo nos estamos perdiendo nosotros mismos. Es fácil decir que esta película es acerca de los humanos versus los navi, pero la ciencia ficción está hecha por humanos para humanos. De ahí que los navi representan algo de nosotros mismos; reflejan lo que nos gustaría ser. Queremos vivir en armonía con la naturaleza, deseamos ser sabios, más espirituales, usar más nuestro cuerpo. “Avatar”, entre otras cosas, es una celebración de la parte física de la vida, de la belleza del movimiento. Muchos de nuestros actores eran gimnastas o bailarines y trabajaron como un equipo. –Los pueblos nativos vivían en armonía con la naturaleza…. ¿Hemos retrocedido? –Totalmente y por eso nos inspiramos en ellos cuando creamos a los navi: estudiamos aborígenes en el Amazonas, Africa, Polinesia, Nueva Zelanda; pueblos que adoraban la naturaleza y creían que era un ser y que posee un alma. “Avatar” es una cinta de ciencia ficción, no estamos diciendo que sea una religión, sino que señalamos que la naturaleza es una criatura, un organismo viviente. Somos parte de ella y si la destruimos, nos destruiremos a nosotros mismos. –¿Quiso dar un mensaje? –Quise hacer una película entretenida, no una cinta didáctica, o un filme que aleccione al público, que lo humille. Quise hacer un viaje fantástico, una aventura, una experiencia visual y emocional. Pero dentro de eso, se encuentra esta sublectura y además la idea de aceptar a personas que son diferentes a nosotros. Parte de estas ideas ya estaban en “The Abyss” y “Aliens”. –¿Cómo ve a los seres humanos en mil años más? –No creo que nuestra próxima evolución demore tanto. Creo que dentro de los próximos cien años, seremos capaces de manipular la genética adaptándonos a diferentes ambientes y funciones. Quizás evolucionemos a ser máquinas con conciencia o a tener cuerpos inmortales. Estamos cambiando, aunque no nos damos cuenta. Basta ver nuestra conectividad global. Cuando “texteamos” somos como los monos primitivos conversando, pero a un nivel tecnológico más avanzado (risa). Nuestra naturaleza social está cambiando por la computación personal, estamos en un gran estado de cambio.
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