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Alessandra Rampolla: “como mujer Soy muy erótica” PDF Imprimir E-mail

Alessandra Rampolla, una de las más reconocidas sexólogas en Latinoamérica, estuvo con “Cosas” hablando no necesariamente de fórmulas ni recetas, sino de la esencia de esa mujer puertorriqueña llena de vida, sin inhibiciones, que es capaz de despertar pasiones y admiraciones, que no lleva trabajo a casa y prefiere una vida simple y de bajo perfil junto a su esposo.

Por: Carla Tejerina / Fotos: Alejandra Reznicek.

 

Alessandra RampoLuego de una conferencia de prensa en la ciudad de La Paz, Alessandra aparece en nuestra entrevista radiante, impecable, con esa sonrisa que la caracteriza, para luego de tomar un poco de aire, que a 3.600 metros sobre el nivel del mar marcan la diferencia, empezar con un recorrido por su vida y su carrera. Y cómo comenzamos, por el principio:

Tiene que haber un principio, tu despertar a la sexualidad, algo que haya marcado la diferencia para llegar a ser lo que eres hoy en día.El interés en el tema de la sexualidad ciertamente viene de un lugar muy personal: mi etapa adolescente. Yo creo que como todas las chicas en algún momento comencé a cuestionarme: “¿Qué me está pasando, por qué de repente veo un nene y le quiero caer encima y quiero que me dé un beso?”. Eran cuestionamientos naturales en mí.
En mi hogar, en mi país y en mi crianza tan conservadora, católica, puertorriqueña muy tradicional, no encontraba quién me diera respuesta a lo que pasaba, por lo que se convirtió en un tema que me fascinaba. De ahí que fuera a darme cuenta de que era mi vocación pasaron muchos años y muchas cosas. No fue hasta que alguien directamente me hizo la sugerencia de que trabajara en el tema de la sexualidad.

Cuál fue el momento en el que tomaste la decisión de decir “lo hago y lo digo y qué”.
Yo soy una mujer extrovertida y nunca he sido muy miedosa. Mi hermana mayor siempre me dice: “Eres la persona más valiente que  conozco”. Cuando estaba en la universidad era la que me atrevía comprar los libros de sexo y mis amigas me preguntaban: “Voy a salir con un chico y me interesa tal cosa, ¿tienes algo en el libro?”. Yo lo aceptaba y lo hablaba; en ese momento no me importa lo que decía la gente.
Cuando decidí hacer esto a nivel profesional fue cuando tuve que decírselo a mis papás. Ellos no estaban enterados de que yo hablaba tanto de sexo, pero en ese momento estaba tan decidida, tan clara de que yo tenía que hacer esto, que no fue difícil.

En ese momento, en el que decides hacerlo profesionalmente y luego mediatizarlo convirtiéndote en una persona pública, ¿no te preguntaste hasta dónde involucrarías tu vida personal?
De hecho, no muestro mucho mi vida personal y soy una persona muy abierta. Si converso contigo fuera de cámaras cuento cuarenta mil cosas. Soy una persona naturalmente abierta.
Creo que como profesional tengo que resguardar bastante al público que me ve. Soy un referente, y el público podría pensar que mis criterios  lo son todo, pero mi labor como educadora y como sexóloga es invitar a que ese público encuentre su lugar respecto a su sexualidad, que perfectamente puede ser con criterios distintos a los  míos.

¿Y llevas trabajo a casa?
(Ríe) No, no es como contabilidad. No es lo mismo trabajar con números todo el día, llegar a la casa y no querer sumar ni restar. En la vida el sexo es importante, pero no me siento a darle una cátedra de sexo a mi marido, le doy una buena práctica.

Alessandra Rampo

¿Tu experiencia te ha hecho tener una vida sexual más intensa en  casa?
Bueno, mi conocimiento aporta, no voy a decir que no, porque hay cosas que ya están integradas y aportan a mi relación de pareja. Es como si hubiera un chip distinto de la Alessandra cuando es la mujer y cuando está trabajando. Como mujer soy muy erótica, aunque tengo mis inseguridades; no pienso en términos de si estoy haciendo esto técnicamente bien. Soy muy emocional, me fijo en si me sentí bien o estoy vulnerable; o si necesito que me apapachen o si me siento como una fiera. Es como si no fuera la misma persona y, a la vez, cuando trabajo, soy muy yo. Es un poquito extraño.

Cuando trabajas ante las cámaras, ¿está más presente la mujer o la profesional?
En algunas partes la mujer y en otras la profesional. Lo comento en mi libro “La Diosa Erótica”, que para mí es muy especial porque precisamente es la primera oportunidad que mi público puede tener material mío.
Obviamente, no todo el mundo tiene que haber vivido todo para ofrecer el menú de la sexualidad humana, pero sí es importante haberlo entendido, hablar con personas que han tenido experiencias diferentes, respetar esas diferencias y celebrarlas. No se juzga porque otras personas elijan cosas distintas a las que uno elige; yo creo que eso es parte de tener un buen entendimiento de lo amplia que es la expresión sexual humana.

Te has convertido en un icono sexual, imagino que muchos hombres te admiran, te piropean. ¿Qué cosas te dicen, cómo te sientes con esos comentarios?
Me siento muy a gusto. La verdad es que no he tenido la experiencia de que me falten al respeto; si alguien ratonea conmigo y fantasea y le parece que yo soy fantástica y sexy, o piensa que soy como la hermanita o la amiga, no me molesta. Lo que me atrapa y me parece muy interesante es la conexión humana que se da con el público, porque es una conexión emocional muy fuerte. El público te ve en la intimidad de su casa con una frecuencia regular hablando de temas muy íntimos, muy privados, y sienten que te conocen y te quieren, y si ese cariño lo quieren manifestar con respeto yo no tengo ningún problema.

¿Algún piropo que recuerdes?
Es un piropo como raro. Cuando conocí a mis esposo lo primero que me dijo fue que yo le parecía increíblemente inteligente, me mató… fue muy lindo.

La pregunta del millón: ¿Eres feliz con la exposición que has logrado?,  ¿cómo será cuando quieras tener hijos, salir al supermercado y que la gente siga acercándose a hacerte consultas?
Si supieras que yo vivo una vida de perfil muy bajo. Vivo en Puerto Rico y ahí sólo pasan cable norteamericano en inglés. La gente me conoce, pero no es como en América Latina que se genera cierto furor, así que mi cotidianidad es muy tranquila y alejada de lo que yo le digo “la burbuja”. Ante cámaras hay  preguntas, autógrafos y mucho ajetreo; de repente regreso a mi casa y a nadie le importa.

¿Y a tu esposo?
Mira, mi esposo trabaja conmigo.

¿No es celoso?
No, y me molesta que no sea celoso. Al trabajar conmigo es parte de la faceta laboral. Entiende muy bien la diferencia. Al final del día, cuando estamos solos, mi atención es para él, aunque la jornada la comparto con un montón de gente.

 

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