|
Director ejecutivo del Club Ivy, el lugar más selecto de Londres, nos dio las claves para entender por qué es el sitio donde se encuentran los poderosos de todas las áreas. Y siempre vuelven...
Por: Loreto Hermann, corresponsal / Fotos: David Usill, windows in the world
Tan exclusivo y discreto es The Club at The Ivy que quien no lo conoce pasa de largo en la avenida West Street ubicada entre Covent Garden y el Soho: el área de los teatros y la bohemia londinense. En lo alto del edificio de cuatro pisos un letrero dice “Flower Shop” porque el lugar era eso, una florería; pero hace un año dio a paso a este exclusivo club que está quebrando moldes al mismo tiempo que mantiene la tradición de estilo y sobriedad de estos lugares típicamente británicos.
La historia comenzó con el restaurante “The Ivy”, cuya lista de espera solía ser de seis meses para los “desconocidos”. Ahora, con la apertura del club, ha disminuido un poco. The Ivy había comenzado como un modesto café en 1917 y rápidamente ganó fama entre la gente del teatro y sus asiduos. Según cuentan, su nombre proviene de cuando la actriz Alice Delisia le dijo al dueño Abel Giandellini: “Siempre vendremos a verte y estaremos tan juntos como la hiedra”. De allí quedó el nombre The Ivy, que quiere decir hiedra.
Tanto el restaurante como el club son parte del conglomerado que agrupa a otros exclusivos clubes y restaurantes como Annabel’s, Mark’s Club, Harry’s Bar, The Bath & Racquets, George, Soho House Group, Le Caprice... La lista sigue ya que el imperio es grande, pero The Ivy y The Club at The Ivy –que abrió en septiembre de 2008– es la perla de la corona. Este es un club privado, sus miembros ingresan por invitación y su lista incluye a los “movers&shakers” de la publicidad, las artes, el periodismo, teatro, agentes, editores, abogados y hombres de negocios. En buenas cuentas, éste es el lugar de reunión de los más influyentes y poderosos de esas esferas.
Entrevistamos a Fernando Peire, director ejecutivo del club y del restaurante, quien llegó a The Ivy como senior maître d’hotel en 1990 y hoy es el alma y “ambientador”. Mitad español mitad maltés, con estudios de derecho e idiomas en Londres y París, nos recibió con gran simpatía. Durante nuestra entrevista su Blackberry no cesó de sonar; además, vive a dos cuadras del club y del restaurante, de modo que está en funciones prácticamente las 24 horas del día, y eso se nota.
En la entrada, Marlon Li-A-Young, el “doorhost”, recibe con una gran sonrisa. Su memoria es increíble y conoce por su nombre prácticamente a todos los “members”. Les abre la puerta y de ahí pasan al ascensor más lujoso del mundo que los transporta sólo un piso, al segundo, sin apretar ni un botón. Una discreta cámara indica quién llegó, de modo que si algún “non member” trata de colarse, los recepcionistas muy amables pero firmemente los enviarán de vuelta a la calle. Así le ocurrió a Pixie, hija del productor musical sir Bob Geldof. Muy famosa llegó una noche, pero como no es socia y no venía acompañada por un “member” le pidieron que se fuera. Ella reclamó: “¿Pero no sabe quién soy yo?”. No convenció a nadie y tuvo que salir bajo la lluvia de flashes de los paparazzi que todas las noches se apostan en las afueras. Al día siguiente fue titular en todos los periódicos: “Pixie Geldof expulsada del Ivy Club”.

Kate Moss, en cambio, es asidua. No confirman si es socia, pero se sabe que le encanta ir al Piano Bar e incluso ha tocado ese instrumento allí en alguna ocasión. El Piano Bar está en el segundo piso y tiene una atmósfera elegante y relajada al mismo tiempo.
Nigel Stowe, el manager del restaurante, tiene reuniones diarias con su staff para que sepan quiénes vienen ese día y en qué mesa los van a sentar. Por ningún motivo ponen cerca a rivales y sí a personas que se conocen para crear el ambiente perfecto –“the right buzz”–, que tiene a diario el club. El día de esta entrevista, aunque no podemos citar nombres, había productores de teatro, agentes, escritores, un piloto de Fórmula Uno, un exitoso abogado y su aún más exitoso cliente... Fernando Peire enfatiza: “No hay ningún otro sitio en Londres donde puedas estar teniendo de vecino a un actor de Holywood, al otro lado gente de la bohemia; más allá una mesa de celebridades y millonarios, otra con lords y ladies de la aristocracia, y un poco más lejos una familia común y corriente. Es esa mezcla de lo formal con lo informal, lo que más le gusta a la gente”.
La mezcla social
–¿Qué deseaban lograr cuando comenzó el Club Ivy? –El “Ivy Restaurante” ha sido, de algún modo, un club desde que lo inauguramos en 1990. Las personas no pagaban para ser socios, pero tenían membresía honoraria gracias a sus logros. Si alguien publicaba una novela o era la estrella de un nuevo programa, se sugería su nombre... –¿Tú estabas a cargo del restaurante? –Sí, yo era gerente de recepción, estaba a cargo de las reservas y asignaba los puestos en las mesas. No basta con decir que los clientes eran ricos y famosos, porque muchos de ellos no eran ricos y muchos no eran famosos. El “Ivy Restaurante” tenía una combinación de personas con mentalidad parecida, que disfrutaban de su mutua compañía, aficionadas a conversar, interesadas en lo que está ocurriendo. –¿Cómo se conecta a los socios? –Originalmente existía una membresía de fundadores. Eran personas que habíamos invitado durante un tiempo al restaurante. Si nos gustaba su perfil, les ofrecíamos ser “member”. Así se produjo un club orgánicamente creciente, donde cada persona conoce a otras. Nos gustan las conexiones, personas que circulan por el club y se saludan dándose la mano al salir, no al entrar. –¿Por qué al salir y no al entrar? –No sé. Cuando salgo a comer en una ciudad como París, me encanta ir a restaurantes donde conocen a los clientes; me siento bien donde la gente se saluda dándose la mano. No es como un lugar en que buscan cada vez una nueva víctima que pague 50 libras esterlinas. –¿Cuál es el perfil de los socios? –Nos gustan las personas exitosas y con sentido de la diversión. Eso es sano. A los famosos les gusta encontrarse con otros famosos, y a los que ganan dinero les gusta ver personas que también ganan dinero. La gente viene al Ivy por dos motivos: por disfrutar el ambiente y por tener la sensación de pertenecer a algo más grande de lo cual es bueno participar. El reconocimiento es importante y en el Ivy sabemos manejar eso muy bien. Sabemos cómo le gusta el café a cada socio, cómo le gusta el té, el gin con tónica, y eso nos hace tratarlos como si estuvieran en su casa. –¿La membresía se extiende a la familia de los socios? –No. Una señora puede ser una gran persona, pero es posible que su marido sea horrible y no nos va a encantar. La membresía es algo muy individual y el límite de invitados para tomar un trago es tres, porque cuatro pueden provocar alteraciones. La excepción es cuando reservan una mesa para seis u ocho personas a cenar, en el comedor; en ese caso pueden llevar a los invitados también a tomar tragos antes y después de la cena en el bar. –¿Futbolistas y modelos son acogidos? –Es relativo. No me parece que en el Ivy se vayan a ver muchos futbolistas. –¿Estrellas del rock? –Vienen personas de la música. –Eligen este lugar para atenderlos. –Exactamente, y las celebridades saben que aquí no las van a molestar. Cuando Tom Cruise y Nicole Kidman eran pareja, si entraban a un restaurante público no podían estar tranquilos. Aquí existe la posibilidad de que a ese tipo de personas no las molesten. –¿Puede un latinoamericano entrar como socio del Ivy? –Por supuesto, y para mí sería un gran placer incorporarlo. Tenemos gran interés en tener gente de Norteamérica, Sudamérica y también europeos. –¿Cuánto cuesta? –En este momento, 500 libras esterlinas anuales, y para incorporarse, 250 libras. –Y hay un perfil, obviamente… –Tienen que ser presentados por otros socios o por lo menos indicarnos qué relaciones tienen para que nosotros nos informemos sobre ellos a través de esas personas. O puede ser que la persona que se incorpore sea dueña, por ejemplo, de una empresa en Sudamérica. Para nosotros sería fácil informarnos sobre ella, porque conocemos gente en todo el mundo. Eso es todo. Por ejemplo, si uno de sus lectores quisiera incorporarse como socio al Ivy, probablemente es porque conocen algunos de nuestros socios, y pasan por Londres. Y si pasan por Londres es porque tienen amigos acá, porque si una persona que pasa por Londres no tiene amigos acá, no sé para qué va a querer ser socio del Ivy.
|