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¿Qué es lo que hace de Beyoncé Knowles una artista imprescindible de nuestro tiempo? ¿Su presencia permanente en el mundo del entretenimiento? ¿Un cuerpo dorado al que aman las cámaras? ¿Una voz de sirena que hipnotiza a los hombres y empodera a las mujeres?
Por: Javier Masías
Cosas Cosas que uno escucha de Beyoncé Knowles:
- Que no se cansa de componer hits.
- Que en vivo es todavía mejor que en los videos.
- Que según los lectores y el equipo de “Askmen.com” fue la mujer más deseada de 2007 por tener el perfecto balance entre inteligencia, humor, carisma y ambición.
- Que desde ese año ha permanecido entre las 10 primeras mujeres más deseadas del mundo.
- Que siempre se queja de que “nunca hace suficiente ejercicio”.
- Que adora su cuerpo de curvas firmes y perfectas.
- Que fue parte de Destiny’s Child, la agrupación vocal femenina con más ventas en toda la historia.
- Que todos la adoran, incluidos American Express, Pepsi, Tommy Hilfiger, Budweiser y Emporio Armani, que la usan o la han usado como imagen. Y, por supuesto, tú y yo y millones de personas que han comprado alguna vez un disco suyo.
- Que es la mujer más feliz del planeta con el mejor marido del planeta.
- Salud, belleza, dinero y amor. No se puede tener todo en esta vida, Beyoncé Knowles, y menos, todo a la vez. ¿O sí?
Women on top
Quién sabe. Algunos dicen que todo se lo debe a su voz y a su personalidad. La pequeña Beyoncé Giselle Knowles debe de haber desarrollado su radiante sensibilidad pop muy temprano, poco después de venir al mundo en Houston, en septiembre de 1981. Se sabe, de esos primeros años –imagínela menudita, con tres marcas de nacimiento en la cara– que mataba el rato en la peluquería de su madre cantando y tarareando los temas que sonaban entonces. “I wanna be where you are”, de Michael Jackson, fue la primera canción que aprendió y aún hoy en día la canta en vivo.
Los recuerdos sobre su vida en un universo tan claramente femenino dan cuenta de años de profundo aprendizaje, no sólo vocal, sino, indudablemente, emocional. “Creo que crecer rodeada de mujeres en una peluquería me ha dado una gran pasión por ellas”, declaró en una entrevista reciente. “Creo que nos necesitamos las unas a las otras y que las cosas que me inspiran a escribir canciones son cosas que pienso que las mujeres necesitan oír. Me siento feliz de ser una voz, una de tantas. Me siento feliz de ser, de alguna manera, un modelo a seguir”.
Los primeros en seguirla debieron ser sus padres, que estimularon su gran interés por los escenarios. Hay evidencia suficiente para creer que esto era lo suyo, como, por ejemplo, registros de unas 30 competencias locales de canto y baile en las que quedó en primer lugar. Tal acumulación de reconocimientos llevó al señor Knowles a tomar algunas decisiones drásticas como renunciar a su trabajo para dedicarse por completo a ser mánager de Destiny’s Child, el trío que Beyoncé decidió formar junto con su prima Kelly Rowland y sus compañeras de clases de la secundaria LeToya Luckett y LaTavia Robertson. “Poníamos nuestro pelo en la tabla de planchar, ¡era una locura!”, recuerda de esos días. “Mi mamá nos decía: ‘¡Tenemos que hacer que se dejen de ocupar de su pelo porque están destruyéndoselo!’”.
Con el pelo marchito o no, Destiny’s Child llegó a convertirse en una de las bandas de rythm & blues más influyentes de los años noventa y más famosas de todos los tiempos.
El destino
Luego de algunos pleitos legales entre las integrantes, en el 2001 decidieron darse un descanso para seguir carreras en solitario. Beyoncé tentó suerte en el cine, haciéndose muy conocida en la hiphopera “Carmen” y en su papel de Foxxy Cleopatra en “Austin Powers in Goldmember”. El éxito la perseguía como un estribillo pegajoso, pronto lanzaría su debut musical en solitario: “Dangerously in love”, con colaboraciones de Sean Paul, Lutkast y Missy Elliot, que después de colocar cuatro singles en el top ten y de ganar cinco Grammy, se convirtió en un multiplatino.
Destiny’s Child se volvió a juntar un año después, pero las cosas nunca serían iguales. Beyoncé optó por seguir en solitario ese riesgoso camino hacia la cima del espectáculo que, en su caso, parece menos espinoso en sus pendientes más pronunciadas: un papel protagónico en la celebrada “Dreamgirls”, con una voz aún más protagónica, hay que decirlo, haría que ganara la confianza suficiente para interpretar a Etta James en “Cadillac Records”, cinta estrenada en el 2008 y que además coprodujo. Desde entonces llueven los millones de seguidores, de discos vendidos, de billetes y de estadios llenos.
She’s not a single lady

Además de ser un talento ante el micrófono y ante las cámaras, es claro que gran parte de las miradas que recibe se deben a su curvilínea presencia. “Rolling Stone” la describió bien en un artículo de portada hace un tiempo: “Beyoncé se ha convertido en un sex symbol a lo Halle Berry, una chica negra que no es tan sobrecogedoramente africana como para que la gente blanca deje de apreciar su belleza. Es lo que Janet Jackson solía ser: ese delicioso sex symbol que te brinda hits pop con un sabor de R&B y videos, tours y películas decididamente contemporáneos”.
El artículo fue escrito en marzo de 2004. Dos años antes Jay-Z, otro personaje brillante, había empezado una relación con ella después de colaborar en varios proyectos musicales. Intentaron mantener el romance oculto negándolo en múltiples ocasiones. En el 2005 se empezó a hablar de matrimonio. Tuvieron que presentarse ante los medios y Knowles aclaró el asunto alegando que no estaban ni siquiera comprometidos. Los rumores eran tan recurrentes y las declaraciones tan intermitentes, que la editora de la revista de chismes “Ok!” se refería a ellos como “gente intensamente privada”.
En el 2007, durante una conferencia de prensa que debía anunciar la apertura de su tercer local del club 40/40, Jay-Z no pudo resistirse más y respondió así a la pregunta por el matrimonio que “un día pronto, dejémoslo así”, sí se casarían. Siguió una sonrisita nerviosa de genuina felicidad y, un instante después, una lluvia de flashes.
En Manhattan, el 4 de abril de 2008, la pareja contrajo matrimonio que no se hizo público hasta que el 22 de abril “People” publicó la primicia. Como cabía esperar en este matrimonio a plazo, el anillo no fue visto públicamente hasta el concierto Fashion Rocks del 5 de septiembre de ese año, y la unión no fue del todo confirmada por Beyoncé hasta que presentó un video anunciando la ocurrencia en una fiesta, pocos días antes del lanzamiento del disco “I am… Sasha Fierce”.
Con este acontecimiento no sólo se corroboró la unión de dos personas del olimpo musical contemporáneo sino también la de dos grandes fortunas. Según “Forbes”, el matrimonio entre Beyoncé y Jay-Z lleva a cuestas US$ 122 millones, lo que los convierte en la pareja que más dinero ha ganado en Hollywood este último año gracias a ella: aportó al patrimonio de la pareja US$ 87 millones, más que el doble que Jay-Z, con apenas US$ 35 millones. Por si no bastara, es el segundo año consecutivo en el que reciben ese mismo título. Por lo visto, las “Single ladies” de Beyoncé también pueden tener el “Empire state of mind” de Jay-Z.
Así que todo es felicidad. Según “Allure”, Beyoncé quiere tener un hijo con su esposo. Según la misma revista, tres puntos suspensivos después, eso tendrá lugar “algún día”. Es decir, como la boda, pronto, quizá… “mejor dejémoslo ahí”.
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