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Última edición de la Revista "COSAS"
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Natalia Vodianova - Russian icon |
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“Es la mujer más hermosa del mundo”, dice de ella Tom Ford. “La más sexy”, agregan los millones que la miran y admiran en páginas de revistas. Como éstas...

A los 27 años, Natalia Vodianova ya es una leyenda, una Cenicienta de verdad. Esta es una mujer que gracias a su magnífica belleza pasó de la miseria profunda al privilegiado ambiente de la aristocracia británica gracias a su matrimonio con el multimillonario Justin Trevor Berkeley Portman, hermano del vizconde Portman y herederos ambos de una gran fortuna establecida en bienes raíces.
Viéndola en fotos como las que mostramos en estas páginas, resulta casi imposible creer que a los 14 años Natalia (que entonces se llamaba Natasha) atendía un triste puesto de verduras y frutas en un mercado de Volpa, el pueblo ruso donde nació, y que a los 15 un nuevo rico del petróleo trató de comprarla para convertirla en su esposa-esclava.
Ya había caído la Unión Soviética y en la transición al capitalismo todos los demonios se abatieron sobre las ciudades y pueblos del ex paraíso socialista: la corrupción, la especulación, los codazos y zancadillas de los más fuertes contra los débiles, la codicia y el robo desatados. En esa época Natalia no tenía ilusiones, sus días pasaban grises y sufrientes: el padre las había abandonado a ella y su madre, Larissa Víktorovna, y el padrastro también huyó cuando su hermana menor nació con parálisis cerebral. “No me gustaban para nada los hombres”, resume, y se comprende.
Natalia trabajaba a la salida de la escuela porque su mamá tenía que cuidar a las niñas. Sus únicas alegrías eran las clases de danza, de piano y patinaje en hielo que le dieron la gracia felina con que después se movería en las pasarelas. Pero entonces, en su adolescencia era flaca y plana como una tabla y muchas veces se negaba a salir de la casa porque se sentía fea y, además, no tenía ropa bonita para ponerse.
Haciendo un paréntesis se debe señalar que en estos días Natalia no sólo está en el top ten de las 10 modelos mejor pagadas del mundo y se viste con ropa de couture, sino que ha creado su propia línea de lingerie de lujo. La marca Etam la contrató en una suma millonaria para que dejara volar su fantasía y creara los más sexies modelos underwear, pero con una condición: que los modelara ella misma. Imposible una mujer más refinadamente sexy en ropa interior, imposible alguien más sugerente sin decir una palabra y sin moverse un centímetro. Tom Ford dice que Natalia es, simplemente, “la mujer más hermosa del mundo”, y parece que tiene razón.
Puente hacia la fortuna
A Natalia le cuesta recordar sus años de pobreza, pero tiene muy claro el día en que su suerte comenzó a cambiar. Su primer novio, Serguei Sazanov, la convenció de inscribirse en la única y modestísima agencia de modelos de Nizhni Novgorod, la ciudad cercana a su pueblo. En eso estaba cuando un cazatalentos georgiano de la agencia francesa Viva cayó en la ciudad, se encandiló con ella y le ofreció irse a París. Sin pensarlo ni un segundo, la vendedora de frutas tomó el primer avión de su vida y pocas semanas después desfilaba en las pasarelas, posaba para los mejores fotógrafos occidentales y revolucionaba el panorama fashion de la capital francesa. A partir de ese desembarco desfiló para Sonia Rykiel, Vivienne Westwood, Donna Karan y Christian Dior. También ha sido modelo de numerosas marcas, como Calvin Klein, Moschino, Anna Molinari y Versus. Su fama y fortuna se consolidaron cuando el gigante L’Oréal la contrató en una cifra de millones de dólares.
“Con la fama, Natasha se ha vuelto más dura de carácter, aunque sigue siendo tierna y cariñosa”, comenta su mamá. La modelo le compró a Larissa un departamento de 86 metros cuadrados y se encarga hasta hoy de la mantención de ella y su hermana inválida.
El príncipe azul
Una noche del verano del año 2000, Natalia conoció en una comida en el Centro Pompidou al pintor inglés Justin Portman. “¿Tú quién eres?”, le preguntó la modelo sin tener idea de que el rubio delgado que le sonreía sin dejar de mirarla era un aristócrata millonario, hijo de un vizconde y que, como el príncipe de los cuentos, andaba en busca de una mujer que fuera digna de él.
Según la prensa inglesa, la fortuna de Portman asciende a dos mil millones de dólares, pero Natalia encontró que era “un dandy presumido” y no le respondió los coqueteos. Como Justin –entonces de 33 años– no necesitaba trabajar, se dedicó 24 horas diarias durante semanas a conquistar a la juvenil modelo que recién tenía 18.
No se demoró mucho, y en cuanto ella cedió, Portman, como un verdadero príncipe, le pidió matrimonio inmediatamente. Pocas semanas después se casaron en San Petersburgo por el rito ortodoxo (para lo que Justin tuvo que solicitar permiso a la Iglesia Anglicana) y en una sucesión de fiestas que duraron tres días. Para la ceremonia religiosa la novia lució un vestido plateado creado por Tom Ford.
De vuelta en Occidente, dejaron París y se instalaron en un enorme departamento de 500 metros cuadrados en Nueva York. Ella siguió con su carrera y él con la suya: pintar y contemplar a su esposa.
Para mostrar que la historia de Natalia es realmente un cuento de hadas, faltaba el detalle que viene a continuación: el 11 de septiembre de 2001, a las 08:45 de la mañana las paredes del departamento en que vivían temblaron bajo un estruendo atronador. Un avión había chocado contra una de las Torres Gemelas y su magnífico hogar estaba a escasos metros de allí. La modelo estaba embarazada de su primer hijo. Justin la tomó en brazos, bajó las escaleras y corrió con ella, sin depositarla en el suelo, mientras el mundo caía a sus espaldas.
El niño, Lucas, nació a comienzos de 2002 cuando Natalia ya había cumplido sus 19 años. Apenas un mes después posó para Louis Vuitton y firmó un contrato exclusivo con Gucci. “Mi carrera se fue hacia arriba después que di a luz. Mi figura mejoró: me creció el busto, las caderas y se me marcó la cintura”. ¿Qué otra mujer en el mundo puede decir lo mismo? |
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¡Quieren la herencia del barón! |
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La pareja está dispuesta a llevar ante los tribunales a la madre del joven, la baronesa Carmen Thyssen, para recibir la parte que le corresponde de la fortuna familiar. El motivo de tanto enojo es que, dicen, deben 3 millones de euros.
L os españoles conocen a Borja desde antes que naciera porque, cuando su madre quedó embarazada, era la mujer soltera más famosa de España y todos estuvieron pendientes del nacimiento del niño. Al llegar al mundo, en 1980, Borja estuvo a punto de ser reconocido como hijo por Manuel Segura, un playboy novio intermitente de Carmen Cervera, la madre; pero cuando el bebé tenía pocos meses, ella conoció al barón alemán Heinrich von Thyssen y encontró que la mejor idea era dejar a Segura y conquistar al aristócrata. Así lo hizo, y pocos años más tarde el niño pasó a ser Borja Thyssen, tal como se le conoce hoy.
En realidad, lo correcto habría sido que se llamara Borja Segura porque en este año 2009, hace pocos meses, Carmen reconoció finalmente que el padre biológico de su hijo era Manuel Segura.
El problema es que, según se ha sabido después, el propio Borja se enteró por la prensa de esa verdad. Leyendo las memorias de su madre en “¡Hola!” supo lo que ella nunca le dijo en la intimidad familiar. Por más que Borja sea un tipo de mundo, un duro cuya gran pasión son las motos y que nunca ha mostrado mucha sensibilidad, el asunto le dolió. Lo enfureció. Lo ofendió.
Seguramente allí está el más profundo motivo de la campaña de odio que a partir de entonces el joven ha lanzado contra su madre, una serie de declaraciones furiosas y la negativa a verla y permitir que ella visite su casa aunque, la verdad, la baronesa tampoco tiene mucho interés en hacerlo. Carmen Cervera von Thyssen detesta a Blanca Cuesta, la mujer con la que se casó Borja. Y dicen que la detesta porque ve en Blanca su propia imagen rejuvenecida. Blanca sedujo a Borja tal como ella, muchos años atrás, conquistó al barón. Y las dos lo hicieron por la misma razón: el dinero que tenían el barón y ahora Borja.
Pero Borja, en verdad, no tiene mucho dinero, tiene sólo lo que le da su madre. Por eso ahora la pareja decidió conquistar junta el tesoro completo: la herencia Thyssen. Y para eso están dispuestos incluso a llevar a la baronesa a los tribunales.
Según la revista “Diez Minutos”, la pareja –que pronto cumplirá tres años de casada– está reclamando lo que en España se llama “la legítima”, que es un tercio del total de la herencia, una fortuna cuyo valor total no está definido porque incluye no sólo dinero en efectivo, sino empresas, propiedades y obras de arte.
Al parecer, Borja y Blanca han optado por este camino porque están asfixiados por deudas debido a su costoso nivel de vida. Esas deudas, según algunas versiones, llegarían a 3 millones de euros.
Hasta ahora, se dice, la baronesa le daba a su hijo anualmente una cierta cantidad de miles de euros de la parte del patrimonio que le correspondió en un primer reparto que se hizo a la muerte del barón entre sus cinco hijos y su viuda, o sea Carmen. En algún momento, ese flujo se cortó y entonces el pobre Borja –que en realidad nunca ha trabajado en nada–, tuvo que endeudarse para seguir el ritmo de fiestas, joyas, viajes y motos, muchas motos, que le obliga a comprar Blanca. Eso es lo que dice Carmen, que Blanca ha convertido en un títere a su hijo y éste hace todo lo que su mujer desea.
Sea verdadero o falso, el hecho es que la pareja está unida en el objetivo de conseguir “la legítima” y también otros montos anexos. Uno de sus abogados sugirió que Borja tiene en su poder algunos documentos que le permitirían conseguir esos fondos incluso con la completa oposición de la baronesa. ¿Qué documentos? Algunos que tenía en su poder la propia Carmen y que, ella sospecha, Borja le robó con sus propias manos o con algún enviado.
Por eso, la semana pasada, la baronesa señaló que si su hijo la demanda, ella hará lo mismo: lo acusará directamente de robarle esos documentos claves.
¿Quién de los tres conseguirá su objetivo? En esta pelea hay dos contra uno; pero, la verdad, Carmen Thyssen ha demostrado toda su vida que ella sola vale por varias poderosas mujeres. Aunque ésta podría ser su primera derrota. Se admiten apuestas... |
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Remece al periodismo europeo |
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Charlotte acompañada de Franca Sozzani, directora de “Vogue” de Italia, y sus socias en la revista “EVER Manifesto”,
Elizabeth von Gutmann y Alexia Diedzielski.
Durante la reciente semana de la moda de Milán, Charlotte de Mónaco sorprendió a todo el periodismo europeo cuando anunció la publicación de su propia revista. Se trata de “EVER Manifesto”, creada en colaboración con dos socias, Elizabeth von Guttman y Alexia Diedzielski, y dedicada a la promoción de la moda ecológica y sustentable. La “editora invitada” del primer número fue Franca Sozzani, directora del “Vogue” italiano –y mentora de Charlotte–, que eligió para la ocasión a 11 diseñadores emergentes que, aparte de aparecer en las páginas de la revista, mostraron sus diseños hechos con materiales orgánicos y reciclables durante el “fashion week” milanés.
La revista, que durante la conferencia de prensa fue descrita por Charlotte como “un think tank de comunicaciones”, está a la venta en 10 Corso Como, la exclusiva boutique de Carla Sozzani, hermana de Franca, en Milán, y ahora también se encuentra disponible en las muy chic repisas de Colette en París. Este es un proyecto intensamente personal para la princesa, que después de una práctica en la revista ecológica “Above”, tomó conciencia del medio ambiente y su propia responsabilidad en la protección del mismo.
A pesar de su evidente compromiso con la causa, es poco probable que veamos a Charlotte partiendo cada mañana a una oficina para cumplir su tarea. La revista, explicó, no se publicará con calendarios definidos ni fechas de cierre, sino cuando “sintamos que es el momento apropiado, que hay algo importante que decir”.
En cierto modo, “EVER Manifesto” es, más que nada, un grito de independencia de Charlotte, que finalmente realiza un proyecto donde su nombre y posición social son, en alguna medida, secundarios.
Su interés por el medio ambiente es real, dicen sus amigos, igual que el que tiene por la moda, y la relación entre ambas pasiones se unió gracias a su amistad con Stella McCartney, la diseñadora y activista a la que conoció cuando colaboró en la revista ecológica “Above”. La incursión de Charlotte en el periodismo no una sorpresa, considerando que también realizó una práctica en “The Independent”, el periódico inglés.En Milán, Charlotte dio una conferencia de prensa para hablar de su proyecto editorial, pero se negó a comentar los rumores que auguran un pronto divorcio de su madre, la princesa Carolina de Mónaco.
“Me gustan los vestidos bonitos, como a todas las mujeres; pero más allá de la estética, este sector tiene también otros valores para proteger el ecosistema. Stella McCartney, que conoce el problema, me ha ayudado mucho en mi proyecto”, dijo a los periodistas que, guardando el protocolo, la trataban de usted.
–¿Ha escrito en el primer número de “EVER Manifesto”?
–Sí, entrevisté a Franca Sozzani, editora de “Vogue” Italia, sobre la reorganización del ciclo productivo, y también denunció que ciertos jeans son prendas que contaminan.
–¿Los eliminó de su guardarropa?
–No, pero vigilo la ropa que compro. eligiendo siempre el algodón orgánico, tratado con tintes no tóxicos.
–¿Por qué una persona que se graduó en filosofía, como usted, se interesa por la moda y las revistas?
–No quiero convertirme en periodista, pero adoro el mundo editorial. Hice una práctica profesional con Pierre Laffont (periodista y ex diputado) y después en la redacción de “The Independent”. Me gusta leer y el trabajo de edición de un periódico. Pero no tengo aún las ideas claras sobre la profesión que desarrollaré.
–¿Cuándo se inició su interés por la ecología?
–Siempre he vivido en el campo, entre el verde y los animales. Monto a caballo desde pequeña. Sigo con interés la fundación por la protección del medio ambiente de mi tío Alberto y hay muchos hechos de la actualidad que me conmueven y me convencieron de que tenía que ocuparme de la ecología. Es el caso de la contaminación del Mediterráneo, perjudicado por la pesca excesiva y por la invasión de las medusas.
–¿Cómo se traduce su interés en el día a día?
–Camino mucho y, si puedo, viajo en tren en lugar de tomar un avión. Me gusta comer y cocinar y opto siempre por los productos naturales, de temporada, en el lugar donde me encuentre. No soy vegetariana, pero consumo poca carne. En resumen, intento comportarme con sentido común y corregir errores pasados, debido a un estilo de vida acelerado y poco saludable.
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Sus cuñadas, las infantas, le ceden espacio y la televisión prepara una serie sobre su romance con el príncipe Felipe. Camina con los pasos más largos y hasta cambió su firma. ¿Qué le queda de sus años de plebeya? El gusto por las legumbres y las uñas sin pintar.

P aso a paso, Letizia Ortiz se ha ido convirtiendo en la princesa de Asturias. Tanto que, afirma la revista “¡Hola!”, no sólo ha cambiado su cara –por las operaciones de nariz, barbilla e inyecciones de bótox–, sino que también su firma y su modo de andar. Ahora da pasos más largos, tal como caminan sus cuñadas, las infantas Elena y Cristina.
Eso se notó especialmente en la última aparición pública que tuvieron las tres el 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, en Madrid. Cristina viajó desde Washington, con su marido Iñaki Urdangarín, por expreso deseo del rey, pero la más fotografiada, aplaudida y comentada fue Letizia. El traje lila de Felipe Varela que usó –con adornos bordados de cobre, lana satinada, cuarzo y cristales Swarovski en la pollera– fue mucho mejor evaluado que el abrigo pied de poule de Cristina y la “levita” de brocato de Elena. Está programado que las infantas vayan dejando más protagonismo a su cuñada para que Letizia se instale cada vez mejor en el sitial que le corresponde, el de futura reina.
Efectivamente, la princesa está cumpliendo cada vez más actividades “en solitario”, e incluso habla, algo que hasta el año pasado se le permitía en muy pocas oportunidades. La semana pasada los medios destacaron que, en la visita a un colegio, declaró que la educación es uno de los temas que más le inquieta y que pretende mantenerse siempre informada al respecto. También conversó con algunos niños y les contó –obviamente para que sus palabras se reprodujeran a todo el país– que está leyendo “un libro muy difícil de filosofía”. Agregó que combina esa lectura con la de la trilogía “Millenium”, del sueco Stieg Larsson, y que escucha música de Mozart y canciones de Juanes. En cuanto a comidas, sigue prefiriendo los guisos de legumbres y las verduras.
El periodista Jesús Mariñas, subdirector de “Público”, compartió en su blog algunas declaraciones muy personales que le habría hecho la princesa. “Casi no tengo tiempo de leer los periódicos, entre las niñas y el trabajo…”, señaló Letizia ante la pregunta de si lee los comentarios que se escriben sobre ella. “Sí, es cierto que preparo muchísimo las cosas, que me entrego a fondo. Y estoy encantada; para mí es un privilegio trabajar y servir a mi país”.
Sobre sus ratos de esparcimiento dijo: “El cine me apasiona, veo tres películas por semana. Las últimas han sido ‘Ágora’, ‘Gordos’ y ‘Malditos bastardos’…, ésa la vimos a la una de la mañana porque a veces vemos dos seguidas”.
Telenovela
Además de la Fiesta Nacional, una reciente visita oficial a México y a la ciudad de Chicago, en Estados Unidos, demostró que la fascinación que despierta la princesa va a la par con las críticas. Por ejemplo, en Chicago se puso un minivestido gris y una chaqueta de cuero negro que le daban un look muy rockero y nada apropiado para una actividad oficial. ¿Una princesa con mini? ¡Ni Diana de Gales se atrevió!
El próximo año, el efecto Letizia será aún más notorio porque se emitirá una miniserie televisiva sobre su historia de amor con el príncipe. La idea surgió después del formidable rating que tuvieron una telenovela dedicada al torero Paquirri –muerto de una cornada hace 25 años– y otra sobre los reyes.
En estos días el cineasta Joaquín Oristrell –autor de “De qué se ríen las mujeres’’ y “Dieta mediterránea”– está buscando a los actores principales de la miniserie sobre Letizia y Felipe, y escribiendo el guión. La historia comenzará cuando se conocieron en una comida en la casa de Pedro Erquicia, periodista de Televisión Española, donde ella era conductora de un noticiero, hasta el día de su casamiento, el 22 de mayo de 2004, en la catedral de la Almudena de Madrid. Al parecer ese encuentro no fue tan “casual”, sino que una petición del príncipe a Erquicia –a quien Felipe conocía de antes– porque estaba interesado en conocer a la animadora.
Datos de estilo
Este año 2009 es cuando se ha afirmado el estilo Letizia. Pese a los comentarios adversos, impuso su decisión de “reciclar” vestidos y trajes, y de usarlos más de una vez. Lo más criticado fue que cambiara el diseño de uno de sus vestidos de gala históricos: el que usó en la fiesta que ofrecieron los reyes la noche antes de su matrimonio con el príncipe.
Se dejó crecer el pelo y lo ha ido aclarando con mechas doradas. Lo cortó en capas y lo lleva generalmente suelto, lo que le da siempre un aire casual y juvenil. Para las noches de gala prefiere los moños, que lucen mejor con las tiaras que debe usar por protocolo.
En materia de ropa, los diseños exclusivos de sus modistos favoritos los combina cada vez más con tenidas que compra en tiendas; lo que pocos le critican porque parece una medida adecuada en tiempos de crisis. Fanática de los pantalones, los usa en todas las variantes actuales: pitillo, de pierna ancha, de corte pirata y formalmente rectos, incluso en apariciones oficiales. En todo caso, no hay duda que su principal aporte a la moda mundial han sido los “peeptoes” con altas plataformas para no verse tan bajita al lado del príncipe.
Con más tiempo y recursos que cuando era periodista, Letizia ha ido creando una rutina de belleza que incluye una limpieza de cutis semanal y manicure, aunque sigue fiel a su decisión de no pintarse las uñas. La revista “¡Hola!” informó recientemente que se hizo adepta a la gimnasia Pilates porque, la verdad, no le gusta practicar deportes. En un pequeño gimnasio de su residencia oficial, todas las mañanas hace una serie de estos ejercicios acompañada de su marido; aunque él es mucho más activo en materia de gimnasia.
En cuanto al maquillaje, es experta en sacarse partido y, aparentemente, se maquilla sola. Usa siempre delineador verde o café y bastante máscara de pestañas; se aplica corrector en la zona bajo los párpados, sombras de párpados combinadas con la ropa y un blush muy suave en las mejillas. Con los labiales también juega bastante y los mezcla siempre con brillos. |
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