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La residencia de la embajada de Corea: destina un espacio para Bolivia

Para el embajador de Corea en Bolivia, Hong-rak Kim, y su esposa Mi Young Choo de Kim, Bolivia es uno de los destinos que los cautivó en cada uno de sus detalles; de ahí que nace la idea de emprender una pequeña colección de piezas como  lluchus, querus, pinturas coloniales y bargueños, para algún día hacer un museo latinoamericano en su país.

Por: Carla Tejerina / Fotos: Alejandra Reznicek.

 

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Luego de permanecer cerrada durante diez años, debido a la crisis económica que sufrió el país asiático el embajador Hong-rak Kim llegó a Bolivia el año 2008 para reabrir esta representación con la esperanza de avanzar en proyectos bilaterales en temas referidos a recursos naturales y en proyectos de desarrollo tecnológico.

Después de estar alojados en un hotel por cuatro meses, el nuevo embajador y su esposa encontraron una residencia permanente situada en la zona sur de la ciudad de La Paz. Allí no tardaron en familiarizarse con su novedoso entorno y quedar encantados con el paisaje montañoso, el clima que contrasta días soleados y noches frescas de invierno, además de una vegetación que hace de este lugar un espacio donde se sienten cómodos y felices.

Al recordar su primer contacto con Latinoamérica durante la primera misión de su carrera diplomática en Chile, el embajador Hong-rak Kim narra sus primeros pasos en el aprendizaje del idioma español y cómo la cultura, la historia, la gente y los paisajes definieron su recorrido por este continente, llevándolo luego por México, Panamá, Ecuador y Guatemala. “Luego de mi primera misión en Latinoamérica, mi Cancillería decidió que debía aprender español. Me enviaron a estudiar a la Academia Diplomática de Madrid”, comenta, donde sin duda adquirió un impecable manejo del idioma que hoy le permite desenvolverse cómodamente en misiones como la que actualmente representa en Bolivia.

“Me siento muy feliz, particularmente de representar a mi país en Bolivia”, dice, a tiempo de mencionar los muchos viajes que le tocó realizar por estas tierras, en especial al Salar de Uyuni a los pocos meses de su llegada, donde luego de una noche de viaje, a primeras horas de la mañana, presenció un paisaje que lo emocionó profundamente. Un desierto de sal que sin duda estará entre los recuerdos más intensos de su vida.

Luego de esa experiencia, que en su momento tuvo motivos estrictamente turísticos, despertó el interés de él y de su esposa por empaparse aún más de una cultura milenaria que terminó por cautivarlos, al punto de buscar, cada vez más vehemente, el significado de la rica simbología andina. En este propósito, los esposos Kim han emprendido la tarea de coleccionar una variedad de lluchus de intensos colores y variadas combinaciones, así como vasijas de madera o querus, arcángeles coloniales enmarcados en pan de oro y muebles tallados al estilo colonial, todo ello prolijamente ordenado y categorizado temáticamente.

Y si bien esta colección es aún un hobby, el tamaño de la misma tiende a crecer gracias al apasionamiento con que cada pieza es incorporada en su muestra, y al cariño que le tienen a Bolivia, un país donde se sienten como en casa y en el que definitivamente les gustaría vivir luego de retirarse de la carrera diplomática.

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